La plaza de toros de Ciudad Real guarda desde ahora un recuerdo permanente de Víctor Puerto. Un azulejo descubierto en su honor perpetúa el nombre del torero en el mismo escenario donde, hace más de tres décadas, comenzó oficialmente su camino como matador de toros.
El homenaje, impulsado por Cargando la Suerte, reunió a familiares, aficionados, profesionales e instituciones en una jornada especialmente emotiva, celebrada además en el tramo final de la carrera de Puerto vestido de luces.
La fecha y el lugar daban al acto un significado especial. Fue en este mismo coso donde, el 9 de abril de 1995, tomó la alternativa. Desde entonces han pasado 31 años, más de un millar de corridas y triunfos repartidos entre España y América.
Durante el acto, Víctor Dorado repasó una carrera que tuvo entre sus primeros grandes hitos el liderazgo del escalafón de novilleros en 1994 y que apenas dos años después encontró uno de sus momentos culminantes con dos Puertas Grandes en Las Ventas durante 1996.
Pero el homenaje quiso mirar también detrás de las estadísticas. A la familia, a los sacrificios y a quienes acompañaron al torero cuando las cosas no fueron fáciles.
«Hoy se reconoce con este acto tan humilde la carrera de un hombre que entregó su vida por el sueño de llegar a ser figura del toreo», expresó Dorado, antes de dejar otra de las frases más emotivas de la jornada: «Hay legados que no se heredan con las manos, sino con la memoria, con el orgullo y con el amor».
Las raíces y la familia
Víctor Puerto recordó también el papel fundamental de su padre, Víctor Sánchez, y de su tío, el maestro Antonio Sánchez Puerto, en los primeros pasos de una vocación que terminó convirtiéndose en profesión.
Ahora observa aquella historia desde una perspectiva diferente. Su hijo Víctor ha decidido seguir sus pasos y buscar su propio camino dentro del toreo, permitiéndole comprender desde el otro lado muchas de las preocupaciones que sus mayores vivieron cuando él comenzaba a abrirse sitio en plazas como Madrid, Pamplona o Bilbao.
También tuvo palabras especialmente sentidas para su esposa, Noelia.
«Ha tenido una muleta templada para sacar adelante todo lo mejor de Puerto», señaló. Sobre sus hijos, Víctor y Paola, añadió que «han sido un motor especial y muy importante».
«Me considero torero de Ciudad Real»
La relación entre Puerto y Ciudad Real fue otro de los grandes ejes del homenaje. El matador ha mantenido siempre un vínculo especial con la ciudad, su plaza, sus tradiciones y el Santísimo Cristo de la Piedad.
Por eso, descubrir su nombre en los muros del coso tuvo una carga que iba mucho más allá del reconocimiento institucional.
«Es un día que se llena de emociones, de recuerdos», confesó el torero.
El alcalde de Ciudad Real, Francisco Cañizares, quiso recordar lo que durante años significaron los triunfos de Puerto para la afición manchega.
«El sentimiento de orgullo que nos hiciste tener a todos eso no hay dinero con que pagar», afirmó.
La respuesta del matador resumió su relación con la ciudad: «Gracias de verdad por considerarme torero de Ciudad Real porque así me considero».
También intervino el presidente de la Diputación, Miguel Ángel Valverde, quien reivindicó a Puerto como uno de los grandes representantes taurinos de la provincia y puso el foco en el legado que su trayectoria puede dejar entre las nuevas generaciones.
«Queremos que sea el legado que dejes a nuevas generaciones para que la tauromaquia siga siendo seña de identidad de nuestra sociedad y, particularmente, también de nuestra provincia», señaló.
El azulejo queda ya unido a la historia de la plaza. Allí permanecerá cuando termine esta temporada y cuando los últimos paseíllos de Víctor Puerto vestidos de luces pasen definitivamente a formar parte del recuerdo.
Hay algo especialmente simbólico en todo ello: la plaza que lo vio nacer como matador en 1995 es ahora la que deja su nombre grabado para siempre en sus muros.
Fotos: La Tribuna de Ciudad Real (Haga Click Aquí)

