La novillada de Fermín Bohórquez, de presentación inferior a la correspondiente en un coso como el del Baratillo, tampoco guardó nada dentro. Es hasta hiriente pensar la cantidad de hierros que están en el campo cogiendo polvo a costa de encierros como este. Garzón debe cuidar más el ganado en el próximo serial que presente en Híspalis, de lo contrario, todo serán medias tintas. Poco más se puede decir de la tarde de hoy
A pesar de lo suelto de la salida del primero de Bohórquez, corto de manos, lavado de cara pero más hecho por detrás, Manuel Olivero salió a encontrarse con él para soplarle un señero ramillete de verónicas, de aire clásico y garboso, sin querer enmendarse. Suelto siguió el novillo cuando aparecieron los varilargueros en escena, teniendo que ser el que guardaba la puerta quien recetase el primer puyazo, corto tal y como lo fue el segundo. Quitó Nacho Torrejón por ajustadas saltilleras, a lo que respondió Olivero por tafalleras. La condición del utrero empeoró en el tercio de banderillas, soltando la cara en los capotes y protestando con descaro cada garapullo. Sentado en los estribos comenzó a faenarle su matador, pasándolo por alto para luego enroscarse con él, rematando con un sonado molinete. Se vino a menos el asunto por momentos, acortando recorridos el animal, tentando el acople Manuel Olivero. En compases más avanzados, terminó por encontrarle el sitio el novillero sevillano, aun sin ser muy agradecido en respuesta su oponente, pudiendo al menos estructurar dos series de cierre en las que el buen gusto se impuso a la condición del toro. Pinchó en dos ocasiones poniendo una gran estocada a la tercera, que fulminó al de Bohórquez. Saludó una ovación.
A pies juntos, firme la efigie, dibujó Nacho Torrejón su recibo al segundo de Fermín, algo más abrochado de cuerna, algo menos cuajado de carnes. Apretó en el caballo, tomando dos buenos puyazos y respondiendo con empleo en los respectivos quites de ambos matador y Sergio Rollón. El de la divisa jerezana hizo gala de su movilidad en banderillas, dando paso a un buen inicio de faena por parte de Torrejón, estoico, delicado en sus maneras, tras correspondiente brindis al público. Cuando se echó la muleta a la mano izquierda comenzó a sonar cante grande. Tendrán esta palabra aborrecida, pero me es igual: despaciosidad. Todo lo que hizo el toledano en su primera ronda llegó provisto de una suavidad y temple tan llamativos como esperanzadores. Con medias embestidas, tejió una labor que arrancó sonoros jaleos en los tendidos maestrantes, presumiendo superioridad sobre el burel a pesar de su irregular entrega. Hubo composición, y todo fue redondeado con una estocada arriba en la que destacó la facilidad con la que ejecutó la suerte, de nuevo despacio, no siéndolo sin embargo la muerte del novillo, lo que le propinó una más que merecida oreja por petición unánime.
Aun siendo más largo y ensillado que sus hermanos, lo despegado del suelo de los cuartos traseros del tercer novillo de la tarde le restó notoria presencia, más en consonancia con una cara tampoco muy rematada. Lo recibió Sergio Rollón con dos valientes largas de rodillas en las que el del hierro de la B acometió con potencia, echando las manos por delante, repitiendo después en un capote que le sonó por verónicas. Tuvo un paso escueto por el caballo, principalmente por lo escueto del castigo, a pesar de lo rebosante de sus embestidas. Manuel Olivero realizó un quite por verónicas, en cuyo final el novillo se embruteció un tanto, echando la cara arriba en banderillas posteriormente. Algo sí destacaba en la conducta del Bohórquez y era la prontitud y fijeza en los cites, y Rollón, que se fue a los medios para brindar al público, allí se quedó para recibirlo cambiándolo por la espalda y labrando una intensa serie de buen calado. Eso fue todo, puesto que la brusquedad imperó en los siguientes compases de su labor, echando la persiana el novillo al menos en profundidades que ya de por sí no eran muy sonadas. Se hizo larga la faena, por lo que fue puntualmente protestada su continuidad. Puso al menos buen broche Rollón con su certera estocada. Saludó una generosa ovación.
Escaso de cara, algo más uniforme de cruz era el cuarto de la noche, que fue protestado por los presentes tras su salida. Lo tomó Manuel Olivero tras la primera raya y lo embarcó hasta los medios en un largo y profundo saludo por verónicas, soltando los vuelos por debajo de la pala de los pitones, haciendo las muñecas y la cintura todo el trabajo, levantando palmas en la piedra de Sevilla por lo puro y jondo de la interpretación. Se resintieron por momentos las fuerzas del novillo, lo que provocó fuertes protestas en los tendidos, que solicitaron el pañuelo verde en vistas de la dificultad con la que atravesaba este el tercio de varas. Lo pasó presidencia, y a pesar del lucimiento de la cuadrilla, el burel no recibió una lidia adecuada —mucho tiempo—, algo que no pareció importar al público a la hora de desmonterar a ambos peones. Brindó al público Olivero, que se encontró con un novillo que se postuló vacío en casta y movilidad cuando vio asomar la muleta. La voluntad a veces no basta, y ni a fuerza de provocar pudo encontrarse el de Alcalá con una compensación mayor que el revolcón que le propinó su desagradecido oponente. Llamativas fueron las consiguientes protestas del público al ser insistente la labor de Olivero con su última bala, digo llamativas porque esas protestas no llegaron ni por asomo de igual manera cuando Rollón se prolongó en mayor medida con el primero de sus ejemplares. Tras vaciar el tintero tomó la espada el novillero, poniendo una buena estocada de rápido efecto.
El quinto titular, negro bragado, más largo de cuello y fino de cabos, mostró escasa fuerza desde los inicios, siendo protestado por una afición ya descontenta con el lidiado anteriormente, siendo devuelto tras mostrar su notable insuficiencia en el peto. En su lugar salió un sobrero del mismo hierro, de mayor presencia que sus hermanos, también reflejada en la tablilla. Templó a la verónica Torrejón de recibo, y en un disperso paso por el caballo se intercaló un quite por altaneras de Rollón. La muleta se vio condicionada por la ya marcada condición distraída del novillo, que salía suelto rehuyendo la pelea al fin de cada tanda. No hubo sometimiento en terrenos, lo que descompuso la clase que mostró el animal en escasos momentos. Estuvo rajado toda la faena, aun sin terminar de marcharse a la querencia. Pinchó y puso una estocada un punto desprendida, pero efectiva. Palmas.
De escurrida estampa fue el último que salió de toriles, basta decir. Tampoco fue destacado ni mucho menos su comportamiento, fin de fiesta a la altura del resto del encierro. Rollón poco más pudo que insistirle repetidamente, antes de pinchar y colocar una estocada trasera y muy tendida, que tuvo que rubricar con otra, casi entera, de mejor colocación.
LA RESEÑA
Real Maestranza de Caballería de Sevilla – Novillada con Picadores (nocturna) – Jueves 11 de junio || Quinta novillada con picadores de la Temporada Maestrante 2026
Entrada: Media plaza.
Se lidiaron novillos de Fermín Bohórquez,
- MANUEL OLIVERO, Ovación y Silencio;
- NACHO TORREJÓN, Oreja y Ovación;
- SERGIO ROLLÓN, Ovación y Silencio;

