Cuéllar no dejó únicamente una oreja en el esportón de José Carlos Venegas. Le devolvió algo quizá más importante: confianza, argumentos y la sensación de que el camino vuelve a abrirse.
El torero de Beas de Segura afrontó la primera corrida de la feria frente a un encierro de Saltillo que exigió mucho más que disposición. Y Venegas respondió desde la firmeza, especialmente ante ‘Cazarrato’, un toro incierto, con tendencia a buscar la salida y que se colaba con peligro por el pitón izquierdo.
No era un nombre cualquiera. ‘Cazarrato’ procedía de la misma madre que el recordado ‘Cazarrata’, el Saltillo que dejó una fuerte impresión en Las Ventas en 2016 y terminó siendo condenado a banderillas negras.
«Desde el primer momento que vi cómo se llamaba pensé: “verás cómo me toca”», reconoce Venegas. Pero no quiso que aquel precedente condicionara su actuación: «No le di muchas vueltas y fui a jugármela con autenticidad».
Y eso hizo.
Llevó al toro hasta los medios y allí sostuvo una faena construida desde el valor y el oficio. Hubo que aguantar, imponerse a las dificultades y no permitir que el animal gobernase la situación. La estocada terminó de dar dimensión a todo lo anterior.
«Hay veces que los toreros debemos darlo todo en unas décimas de segundo. Me jugué los muslos entrando a matar de verdad», explica.
La petición fue rotunda y la oreja terminó en sus manos. Un trofeo cuyo valor, para el propio torero, va bastante más allá de la estadística.
«Lo importante es que el aficionado lo vio, la prensa lo vio y que lo que se hizo está ahí. Se ha quedado firmado».
«Cuéllar me ha dado mucha moral»
La tarde tuvo continuidad frente al cuarto. Otro toro serio de Saltillo ante el que Venegas volvió a colocarse en los medios y buscó el toreo al natural, acompañado durante parte de su faena por la Banda Municipal de Música de Cuéllar.
La espada redujo nuevamente el premio, pero una fuerte petición de oreja, no atendida por el palco, terminó convirtiéndose en una importante ovación.
Dos toros diferentes y una misma disposición.
«Fue una tarde bonita. Cuéllar me ha dado mucha moral y energía para volver a estar en el sitio que quiero», reconoce el jienense.
Venegas admite que la corrida presentó dificultades, pero precisamente ahí encontró el argumento de su actuación: «Dentro de las complicaciones sacamos nuestras armas, nuestra fe y nuestras ganas de querer torearlo y de estar por encima de las circunstancias».
Madrid vuelve a llamar
El calendario apenas concede tiempo para detenerse. El próximo 13 de septiembre, José Carlos Venegas volverá a Las Ventas por segunda vez esta temporada después de la buena impresión que dejó durante San Isidro.
Será dentro de los Desafíos Ganaderos, junto a Pérez Mota y Alberto Lamelas, frente a toros de Valdellán y Juan Luis Fraile.
Para Venegas, regresar a Madrid tiene también un significado especial.
«Volver a pisar la plaza más importante del mundo me produce una enorme satisfacción porque significa que lo realizado anteriormente ha dejado poso. Te das cuenta de que lo de San Isidro caló».
Aquella actuación y el reciente paso por Cuéllar le permiten llegar a septiembre desde una posición distinta: «Te da mucha moral, mucha energía y mucho oxígeno».
Detrás permanece además el trabajo de su apoderada, Lidia Rodríguez Bermejo, encargada de abrir puertas en una temporada en la que cada actuación cuenta doble. Venegas asume que buena parte de esa tarea comienza precisamente en el ruedo.
«El torero soy yo y soy quien tiene que dar esa motivación para que, cuando Lidia llame a los sitios, no le digan que no. Hay que estar todas las tardes por encima de todo y conseguir que la gente se quede con ganas de volver a verte».
Cuéllar ya ha hablado. Dejó una oreja, pero sobre todo una actuación que volvió a colocar su nombre delante del aficionado.
Ahora llega Madrid. Y Venegas vuelve a Las Ventas con algo que no siempre aparece en las estadísticas: moral, confianza y la sensación de estar otra vez preparado para reclamar su sitio.

