Marco Pérez confirmó alternativa en Las Ventas en una tarde marcada por la exigencia de los tendidos y por una corrida de Victoriano del Río que tuvo presencia, pero muy poco fondo. El salmantino no terminó de acoplarse con el primero y se encontró después con un sexto encastado con peligro ante el que puso una firme disposición. Emilio de Justo trató de imponer su poder al cuarto, mientras Víctor Hernández buscó sin éxito sacar partido a un lote carente de raza.

No fue una confirmación sencilla para Marco Pérez. Madrid le exigió desde prácticamente el primer muletazo y el salmantino tampoco terminó de encontrar el ajuste necesario para cambiar el rumbo de una tarde que pronto se le puso cuesta arriba. Hubo voluntad, intención y también momentos de evidente desajuste que los tendidos no dejaron pasar. Después, cuando tuvo enfrente un sexto con peligro, volvió a ponerse delante y a asumir riesgos, aunque ya sin posibilidad de remontar una tarde marcada también por el escaso juego de Victoriano del Río.

El toro de la confirmación fue un animal serio, algo degollado, con alzada y muy cornalón, cuya presencia fue ovacionada de salida. Marco ya dejó su primera declaración con el capote en un quite por chicuelinas y, especialmente, en la réplica posterior por delantales y tafalleras, templando la embestida antes de una media que hizo rugir a Madrid. Recibió los trastos de manos de Emilio de Justo, con Víctor Hernández como testigo, y brindó a su padre.

El comienzo de rodillas y por bajo, con varios trincherazos con la zurda, encontró rápidamente los olés. Después cambió el escenario. Marco quiso, pero por momentos anduvo desajustado con la embestida y Madrid comenzó a recriminárselo. Tampoco el toro mantuvo lo apuntado inicialmente y fue perdiendo recorrido conforme avanzó la faena. La exigencia de los tendidos terminó pesando sobre el confirmante, que no consiguió reconducir una labor que fue entrando en terreno adverso. Una estocada puso punto final y hubo división de opiniones para el torero, mientras el toro recibió palmas en el arrastre.

Todavía más complicado fue lo del sexto. Marco se fue de rodillas junto a tablas para recibirlo con una larga cambiada, toda una declaración de la actitud con la que pretendía cambiar el signo de su tarde. Pero el toro ya mostró con el capote una embestida poco clara pero encastada, pasando con el pitón de fuera, y en la muleta terminó desarrollando verdadero peligro. Se arrancaba como un disparo, rebrincado, sobre las manos y con la capacidad de poner al torero a merced en cualquier momento.

Marco se jugó el tipo. Trató de encontrar opciones  y volvió a encontrarse con un sector del público que le recriminó la colocación. Esta vez, sin embargo, delante había un toro de muy pocas garantías, impropio para facilitar una tarde de la responsabilidad que supone confirmar alternativa en Madrid. El salmantino mantuvo la disposición hasta el final y mató al segundo intento. Fue silenciado.

Emilio de Justo tampoco encontró el material necesario para dar verdadera dimensión a su tarde, aunque frente al cuarto dejó momentos sustentados en el poder. El extremeño se encontró primero con un segundo que apuntó más en los primeros tercios de lo que después ofreció. Acudió de lejos al caballo y fue muy cuidado en varas, pero llegó a la muleta completamente condicionado por la querencia.

Apenas aguantaba tres muletazos antes de buscar la salida. De Justo consiguió sujetarlo durante una buena tanda con la derecha, toreando a pies juntos, y trató de llevarlo prendido en los vuelos para impedir que se marchase. Con la zurda fue todavía más acusada la tendencia del toro a rajarse y, cuando aceptaba el engaño, lo hacía protestando. La faena quedó así reducida a intentos aislados frente a un animal que cada vez quería menos pelea.

Con el cuarto hubo algo más que hacer y De Justo lo entendió desde el poder. El toro metía bien la cara cuando acudía, pero necesitaba que el torero le provocase constantemente la embestida y le faltaba ese tranco de motor necesario para sostener las series. Sobre la derecha llegaron los pasajes de mayor entidad, apretándolo, mandando sobre el viaje y consiguiendo gobernar una embestida medida. Por el izquierdo, mucho más parado, las posibilidades disminuyeron todavía más. De Justo trató de sostener la faena hasta que el toro terminó por apagarse definitivamente. El mal uso de la espada dejó todo en silencio.

La tarde de Víctor Hernández estuvo marcada por una disposición a la que tampoco acompañó su lote. Con el tercero dejó una notable serie al natural, probablemente lo más limpio de su actuación, ante un toro que embistió protestando, echando la cara arriba y sin terminar de romper hacia delante. El alcarreño buscó cruzarse, ganar siempre la colocación y provocar una acometida que la falta de casta del animal hacía cada vez más difícil. Antes había quitado por saltilleras y Marcos Prieto saludó una ovación tras un gran tercio de banderillas.

Todavía menos tuvo el quinto. Víctor lo saludó por delantales y pronto quedó claro que la movilidad inicial no iba acompañada de entrega. El toro salía suelto de los viajes y llegó al último tercio con una embestida tremendamente sosa. Hernández buscó colocación y trató de provocar las acometidas, pero sin raza ni transmisión enfrente la faena nunca pudo tomar vuelo. Fue silenciado tras acabar con él de una estocada y dos golpes de verduguillo.

LA RESEÑA


Plaza de toros de Las Ventas (Madrid) – Corrida de toros || Tercera de la Feria de Otoño 2026

Entrada: Lleno de ‘No Hay Localidades’

Se lidian toros de Victoriano del Río y Toros de Cortés,

  • EMILIO DE JUSTO (Azul marino y oro) : Silencio tras aviso y silencio;
  • VÍCTOR HERNÁNDEZ (Caldero y oro) : Silencio y Silencio;
  • MARCO PÉREZ (Frambuesa y oro) , que confirma alternativa : División de opiniones y silencio;