Con una lidia asentada sobre las piernas recibió Morenito de Aranda al primero de la tarde, un toro que desde los primeros lances mostró una embestida tobillera y escaso recorrido en el capote del burgalés. En varas apenas fue castigado: en el primer encuentro tan solo se le señaló y, en el segundo, pese a acudir de largo, volvió a recibir un castigo muy medido.
Brindó Morenito al público antes de iniciar una faena marcada por las limitaciones del animal. El toro llegó al último tercio con cierto sentido, escaso poder y una acusada tendencia a quedarse corto en cada envite, dificultando cualquier intento de ligazón. Fue por el pitón izquierdo donde el diestro encontró algo más de recorrido, logrando alargar los muletazos y dejar varios naturales limpios y bien trazados, siempre desde la firmeza y sin perder la colocación ante un animal que tendía a girar sobre las manos y a descomponer las embestidas.
La labor tuvo más de esfuerzo que de lucimiento. Morenito insistió en buscar las opciones de un toro que nunca terminó de entregarse y que, cuando regresó al pitón derecho, había terminado por apagarse definitivamente. Cerró su actuación con un pinchazo hondo y necesitó dos golpes de descabello tras escuchar un aviso.
A la verónica recibió Fernando Adrián al segundo de la tarde, un toro que salió con movilidad y alegría, aunque siempre desplazándose sobre las manos. En el caballo acudió al relance en los tres encuentros con el peto, despertando las protestas de los tendidos, pero metiendo la cara abajo y empujando con mejor actitud que su oponente anterior.
El animal llegó a la muleta con una condición desigual. Por el pitón derecho ofreció escaso recorrido y tendió a acortar los viajes, mientras que por el izquierdo aparecieron las mejores virtudes de su embestida: mayor longitud, más entrega y una forma de desplazarse que permitía construir una faena de mayor calado.
Sin embargo, Fernando Adrián nunca terminó de descifrarlo. El madrileño no encontró ni el sitio ni el ritmo que requería el toro, quedando a menudo desbordado por una embestida que exigía mando, temple y una colocación muy precisa. La faena discurrió entre continuos movimientos y desajustes, sin que llegara en ningún momento la conexión entre toro y torero. El animal pedía el toreo en paralelo, el trazo limpio y la mano adelantada, pero esa sintonía nunca apareció. Una buena estocada puso fin a la labor. El toro fue ovacionado en el arrastre, mientras que Fernando Adrián escuchó pitos de un sector del público consciente de que había dejado escapar una de las opciones más claras de la tarde hasta ese momento.
Largo y con buen son se desplazó el tercero de la tarde en el capote de Román, que lo recibió a la verónica con temple y suavidad. El toro confirmó pronto sus virtudes en el tercio de varas, acudiendo con alegría al caballo en dos ocasiones. En el segundo encuentro recibió un puyazo trasero, señalado en la paletilla, pero ello no impidió que llegara al último tercio conservando fondo, movilidad y una embestida de notable calidad.
Fue allí donde emergió la figura de “Gallarete”. Bravo, con recorrido y transmisión, permitió a Román construir la primera gran faena de la tarde. El valenciano entendió desde el inicio las condiciones del animal, presentándole siempre la muleta con claridad y llevándolo toreado desde el comienzo hasta el final de cada viaje. Por el pitón derecho llegaron los momentos más rotundos, con series ligadas, profundas y de mano baja, apretando las embestidas de un toro que humilló, repitió y corrió con amplitud tras la tela. Por el izquierdo el animal ofreció una versión algo menos completa, desplazándose con menor entrega y tendiendo a acortar más los viajes, aunque sin perder nunca la nobleza ni el fondo de bravura que marcó toda su actuación. Román mantuvo el nivel de la obra, siempre firme, asentado y conectado con unos tendidos que fueron creciendo al compás de la faena. La rúbrica llegó con una gran estocada de ejecución clásica y efecto fulminante. Las dos orejas premiaron una actuación sólida y de gran dimensión ante un toro bravo de principio a fin. “Gallarete”, uno de los nombres propios de la tarde, fue fuertemente ovacionado en el arrastre por un público que supo reconocer sus extraordinarias condiciones.
Más corto de salida que sus hermanos se mostró el cuarto de la tarde en el capote de Morenito de Aranda. El burgalés lo recibió sobre las piernas, conduciéndolo hasta los medios en un saludo en el que el toro dejó ver una humillación constante y una actitud más colaboradora que brillante. En varas se dejó pegar por el pitón izquierdo en un primer encuentro sin excesivo castigo, repitiéndose la escena en el segundo, donde apenas fue señalado mientras buscaba el pecho del caballo.
La faena de muleta tuvo un inicio prometedor. Por el pitón derecho aparecieron las mejores embestidas del animal y también los mejores momentos de Morenito. El diestro planteó la muleta con claridad, la dejó siempre puesta y tiró de las arrancadas con temple, llevando al toro largo y aprovechando una embestida humillada y con recorrido. Fueron tandas construidas buscando siempre el pitón contrario, dando forma a un trasteo que parecía llamado a tomar vuelo.
Sin embargo, la historia cambió al tomar la izquierda. Por ese lado el toro giró más sobre las manos, acortó los viajes y exigió una mayor precisión para mantenerlo embebido en los engaños. Morenito no terminó de encontrar el ajuste necesario y la faena perdió intensidad y continuidad. Lo más llamativo fue que, cuando el trasteo pedía volver al pitón derecho —el de mayores prestaciones—, el burgalés optó por abreviar y tomar la espada.
Un bajonazo puso punto final a la labor. El toro fue ovacionado en el arrastre por un público que valoró sus condiciones, mientras Morenito escuchó silencio tras un aviso, dejando la sensación de haber desaprovechado las mejores opciones de un ejemplar que ofreció más de lo que finalmente reflejó el resultado.
Protestado de salida por su presencia fue el quinto de la tarde, que también se frenó en el capote de Fernando Adrián, sin permitir ningún tipo de lucimiento en el recibo. En varas comenzó el tercio con un primer puyazo caído, que el picador tardó en rectificar. En el segundo encuentro se produjo una nueva reunión fallida, con la vara rota, y en el tercero el toro llegó a descabalgar al picador. Con apenas un puyazo efectivo, se decretó el cambio de tercio entre las protestas del público.
Brindó Fernando Adrián al tendido en un ambiente ya de división de opiniones. El toro llegó a la muleta con escasa calidad, sin clase ni entrega, y pronto evidenció sus limitaciones. El madrileño, sin embargo, tampoco logró encontrarse en ningún momento con la embestida, quedando descolocado, fuera de sitio y sin capacidad para gobernar las pocas opciones del animal. En la segunda parte de la faena optó por acortar las distancias, buscando las cercanías en un intento de reactivar una labor ya muy condicionada, pero las protestas en los tendidos fueron en aumento ante la falta de ajuste y de contenido. La faena nunca llegó a tomar forma y acabó diluyéndose sin relieve.
Un pinchazo hondo y tres golpes de verduguillo pusieron fin a la actuación. Silencio tras aviso.
No terminó de definirse el sexto en el capote de Román, en un recibo sin continuidad ni ajuste. En varas, el primer puyazo fue muy trasero y no se rectificó, aunque el toro metió la cara abajo y llegó a quedarse dormido en el peto del caballo. En el segundo encuentro volvió a quedar encelado, sin terminar de emplearse ni romper hacia adelante. El toro llegó a la muleta sin clase ni entrega. Román se vio obligado a construir la faena a base de muletazos sueltos, uno a uno, sin posibilidad de ligar ante un animal que se desplazaba recto, a media altura y sin recorrido. Esa falta de calidad descolocó al valenciano, que nunca encontró el sitio ni el hilo para poder estructurar una labor con continuidad. Por el pitón izquierdo la tónica fue la misma: embestidas lineales, sin humillación ni cambio de ritmo, que impedían cualquier planteamiento de toreo ligado. La faena quedó así reducida a un esfuerzo sin eco. Con la espada, Román dejó cuatro pinchazos antes de un quinto intento agarrado y atravesado, que obligó a recurrir a un golpe de cruceta.
LA RESEÑA
Plaza de toros de LAS VENTAS (Madrid) – Corrida de Toros – Sábado 6 de junio || Vigesimosexta de la Feria de San Isidro 2026
Entrada: Lleno de ‘No Hay Localidades’

Ganadería de VICTORINO MARTÍN,

MORENITO DE ARANDA (Lila y Oro)
1º

SILENCIO TRAS AVISO
4º

SILENCIO TRAS AVISO

FERNANDO ADRIÁN (Verde Esperanza y oro)
2º

PITOS
5º

SILENCIO TRAS AVISO

ROMÁN (Celeste y Oro)
3º

DOS OREJAS
6º

SILENCIO TRAS AVISO

