Roca Rey impone su ley y Bastos deja una alternativa con argumento

Roca Rey impone su ley y Bastos deja una alternativa con argumento

Roca Rey fue quien puso la tarde en otro nivel. Lo hizo ante el segundo, un toro extraordinario por su prontitud, su ritmo y una capacidad para repetir que sostuvo la emoción desde el primer encuentro. El peruano ya había advertido sus intenciones con unas chicuelinas muy ajustadas y un quite por gaoneras en el que el animal se vino de largo, alegre y entregado. El inicio de faena, por estatuarios en los medios, encendió definitivamente los tendidos. El toro acudía con una prontitud formidable y Roca Rey entendió que debía aprovechar aquella embestida sin reservas. Sobre la mano derecha lo llevó largo, corriéndole la mano y ligando con autoridad ante un animal que parecía no cansarse nunca de embestir. Al natural la labor fue más breve, aunque dejó varios muletazos profundos, alargando con limpieza los viajes. El epílogo tuvo el sello más reconocible del peruano. Se enroscó al toro en circulares, hasta hacerlo girar repetidamente alrededor de su cintura, y cerró por bernardinas con un ajuste extremo. En una de ellas quedó al borde de la cogida, pero fue precisamente esa cercanía la que terminó de disparar la emoción. La estocada fue buena y las dos orejas terminaron en su esportón. El toro, con justicia, fue fuertemente ovacionado en el arrastre.

El cuarto no tuvo nada que ver. Fue un toro suelto, manso y orientado hacia la querencia de toriles, que llegó a la muleta muy justo de poder y quedándose corto. Roca Rey intentó taparle continuamente la salida, dejándole la muleta en la cara para tirar de una embestida que siempre buscaba escapar. Cuando el toro dejó de pasar por el izquierdo, el peruano recurrió a los terrenos de cercanías, con circulares invertidos y cambios de viaje. Fue una faena más de insistencia que de lucimiento, imposible de elevar por la condición del animal. La estocada perpendicular fue escupida y necesitó después varios golpes de cruceta.

La alternativa de Tomás Bastos estuvo marcada por una circunstancia que condicionó toda su tarde: la falta de fuerza de sus toros. Al toro de su doctorado lo recibió con un farol de rodillas, aunque el animal comenzó pronto a perder las manos. El presidente decidió mantenerlo en el ruedo pese a las protestas del público y, tras la ceremonia de alternativa, con Roca Rey como padrino y Pablo Aguado como testigo, el portugués brindó a su madre antes de comenzar con cambiados por la espalda en los medios. Hubo alegría y clase en las primeras embestidas, pero también una debilidad evidente que Bastos trató de administrar toreando siempre a media altura. Cuando el toro comenzó a venirse abajo, el portugués buscó el pitón izquierdo, aunque apenas encontró medio viaje. Regresó después a la diestra para dejar una última serie en los terrenos paralelos a tablas y terminó por bernardinas muy ajustadas ante un toro ya completamente aplomado. La estocada cayó baja, pero la actuación dejó una impresión favorable y fue reconocida con una ovación con saludos.

El sexto titular apenas duró unos instantes en el ruedo. Mostró una preocupante falta de coordinación y terminó siendo devuelto. El sobrero tampoco ofreció grandes posibilidades. Se quedó corto desde el capote, repuso sobre las manos y perdió las fuerzas durante el quite por saltilleras. Bastos resolvió con rapidez una situación comprometida y volvió a ponerse en el sitio con un ajuste considerable. En la muleta volvió a demostrar disposición. El toro nunca terminó los viajes y fue reduciendo cada vez más su recorrido, hasta quedarse prácticamente aplomado. El portugués no se dejó ganar la pelea, aguantó varias miradas y sostuvo una faena de firmeza y voluntad. El final genuflexo, por ayudados por alto, puso el cierre a una labor que tuvo más mérito que brillo. Mató al segundo intento de una estocada algo tendida que le llevó a pasear una oreja en reconocimiento a la entrega del cómputo de la tarde. No fue una alternativa de triunfo numérico, pero sí una presentación con argumentos para volver a verlo.

Pablo Aguado dejó en el quinto los muletazos de mayor naturalidad de su tarde. El toro salió frenado y corto de recorrido, pero el sevillano supo administrarlo desde un comienzo sentado en el estribo, con ayudados por alto para sacárselo más allá de las rayas. Siempre lo llevó a media altura, sin exigirle más de lo que podía dar y tratando con suavidad unas embestidas escasas de raza. Al natural surgieron los pasajes de mejor factura. Aguado tiró del toro con los vuelos, templó con naturalidad e intercaló algún molinete sin romper nunca el tono clásico de su faena. El cierre por bajo fue la rúbrica a una labor torera, medida y bien construida. El pinchazo previo a la estocada terminó frustrando un premio que parecía posible.

Menos opciones había tenido ante el tercero, un toro que humilló de salida, pero al que siempre le faltó ese punto de raza necesario para completar los viajes. Aguado lo recibió con gusto y quitó por chicuelinas templadas, pero en la muleta el animal se quedaba corto al llegar al embroque. Por ambos pitones mostró la misma limitación y, cuando se le bajaba un punto más la mano, clavaba los pitones en el albero. El sevillano estuvo correcto, aunque sin posibilidad de construir una faena de mayor alcance. Una estocada fue suficiente.

LA RESEÑA


Plaza de toros de Santander (Cantabria) || Corrida de Toros – Viernes 24 de julio || Séptima de la Feria de Santiago 2026

Entrada: Lleno de ‘No hay localidades’

Se lidiaron toros de Juan Manuel Criado (6ºbis), condicionada por la falta de fuerza y raza de varios ejemplares, con la excepción sobresaliente del extraordinario segundo, ovacionado en el arrastre, y algunos pasajes aprovechables en el lote de Aguado

  • ANDRÉS ROCA REY : Dos orejas y Silencio
  • PABLO AGUADO : Silencio y Ovación
  • TOMÁS BASTOS -que toma la alternativa- : Ovación y Oreja;

Incidencias: Sonaron los acordes del Himno Nacional de España antes de romper el paseíllo.