Aarón Palacio y ‘Filósofo’ dan sentido a una tarde de enorme expectación en Zaragoza

Aarón Palacio y ‘Filósofo’ dan sentido a una tarde de enorme expectación en Zaragoza

Crónica
La Misericordia · Zaragoza
Quinto festejo de la Feria del Pilar 2026

Ficha del festejo

Plaza
La Misericordia
Zaragoza

Festejo
Corrida de toros
Quinto festejo de feria

Feria
Feria del Pilar 2026
Tramo final del ciclo

Entrada
Lleno de «No hay billetes»

Ficha
Resultado

Morante de la Puebla

Morante de la Puebla
Carmesí y oro
Primer toro: Silencio tras aviso
Segundo toro: Ovación

Sebastián Castella

Sebastián Castella
Fresa y oro con los cabos en negro
Primer toro: Oreja tras aviso
Segundo toro: Vuelta al ruedo tras petición

Aarón Palacio

Aarón Palacio
Catafalco y oro
Primer toro: Silencio tras aviso
Segundo toro: Dos orejas

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Los toros
Ganaderías

Hierros de las ganaderías

Ganaderías
Hnos. García Jiménez · Olga Jiménez · Domingo Hernández
Corrida desigual de hechuras y de juego y desrazada en líneas generales, muy por debajo de la enorme expectación generada. El primero titular fue devuelto y sustituido por «Raspón», de Domingo Hernández, inválido y sin fondo. Por encima del conjunto destacó claramente el sexto, «Filósofo», de Olga Jiménez, el ejemplar más bravo de la tarde, con mayor entrega, emoción y continuidad.

Incidencias
Al finalizar el paseíllo sonaron los acordes del Himno Nacional de España. José Chacón y Alberto Zayas se desmonteraron tras parear al segundo. Hicieron lo propio Juan Sierra y Sánchez Araujo en el tercero.

En el ruedo
La crónica

Sergio Hueso

Firma
Sergio Hueso
Director del medio
Firma de Sergio Hueso

Aarón Palacio salvó una de las tardes de mayor expectación del Pilar con dos orejas de «Filósofo», el bravo sexto de Olga Jiménez. Sebastián Castella paseó una oreja y dio una vuelta al ruedo, mientras Morante de la Puebla quedó condicionado por un lote sin fondo en una corrida marcada por el intenso baile de corrales.

La primera tarde de máxima expectación del fin de semana que cierra la Feria del Pilar había levantado todo lo que se le exige a una cita grande. El “No hay billetes” colgaba desde que se abrió la venta, la reventa se había disparado y, en los corrales, el trasiego había sido constante desde el miércoles. Llegaron a verse hasta diez toros —que consten en acta— para poder aprobar los seis que finalmente compondrían el encierro y el sorteo no pudo celebrarse hasta pasadas las doce y media del mediodía, con la tensión instalada desde primera hora en las oficinas de La Misericordia.

Tanto movimiento terminó teniendo su reflejo en el ruedo. La corrida resultó desigual de hechuras y de juego, desrazada en líneas generales y muy por debajo de la expectación generada. Morante de la Puebla, sobre quien pesaba buena parte del interés de la tarde, no encontró materia suficiente para construir una obra de importancia. Castella tiró de oficio y exposición para sostener sus dos faenas. Y fue Aarón Palacio quien acabó salvando la tarde con un sexto que, paradójicamente, llevaba el hierro de Olga Jiménez, que remendaba el envío titular. Se llamaba «Filósofo» y fue el toro más bravo del festejo.

Palacio salió a por todas desde que se abrió la puerta de chiqueros. Se fue a portagayola y recibió al sexto de rodillas, con limpieza, para enlazar después tres largas cambiadas más de hinojos ya en el tercio. Cerró el vibrante recibo con una buena media que puso en pie los tendidos. Por chicuelinas al paso llevó después al toro hasta el caballo, donde el animal protestó en el primer encuentro y recibió un segundo puyazo muy medido.

Brindó al público y volvió a echar las rodillas a tierra para comenzar la faena con unos ayudados por alto muy ajustados, sacándose al toro hasta la primera raya mientras La Misericordia empezaba a calentarse de verdad. A partir de ahí, el aragonés se impuso con mando a un toro que tuvo más bravura que sus hermanos. Bajó la mano, tiró de las embestidas y construyó una faena de ambición y mucha entrega, con tandas rotundas y largos pases de pecho que mantuvieron siempre arriba la intensidad.

«Filósofo» fue perdiendo fondo conforme avanzaba el trasteo, pero Palacio supo impedir que la faena se viniera abajo. La apretó todavía más en el tramo final con unas bernadinas de enorme ajuste, con los pitones rozando la taleguilla, y terminó de enloquecer al público con un desplante a cuerpo limpio en el que el toro hizo por él y dejó un susto serio. Una estocada casi entera cerró la obra. El palco sacó los dos pañuelos y Aarón Palacio cortó dos orejas, mientras el toro fue despedido con una ovación.

Antes, el aragonés ya había dejado disposición frente al tercero. Lo recibió con dos faroles de rodillas en paralelo a tablas y continuó a la verónica antes de rematar con una media y una larga. El toro derribó en el primer encuentro con el caballo y llegó a la muleta muy justo de poder. Palacio brindó al doctor Carlos Val-Carreres y trató de alargar unas embestidas nobles pero sostenidas con alfileres. Administró bien las fuerzas, toreó con suavidad y consiguió mantener en pie una faena de buen trato, rematada con molinetes ajustados. El fallo con la espada dejó todo en silencio tras aviso.

La tarde de Morante de la Puebla quedó marcada desde el inicio por la falta de opciones. El primero titular fue devuelto por su manifiesta escasez de fuerzas después de perder las manos repetidamente. Salió como sobrero «Raspón», de Domingo Hernández, que tampoco ofreció solución alguna. Fue un toro inválido, sin fondo, que apenas pudo sostenerse durante la lidia y llegó a la muleta moribundo.

La banda, que durante toda la tarde volvió a tener más protagonismo del necesario, comenzó a tocar demasiado pronto. Lo hizo como en otras ocasiones: prácticamente a la primera tanda. Morante consiguió arrancar tres naturales sueltos con cierto sabor dentro de la imposibilidad, pero terminó ordenando personalmente que cesara la música. No había toro para más. Dos pinchazos y media estocada agarrada precedieron al aviso. Silencio y pitos para el sobrero en el arrastre.

Tampoco fue sencillo el cuarto. Salió con muchos pies y sin permitir al sevillano redondear el saludo capotero. Morante brindó al doctor Carlos Val-Carreres y comenzó con ayudados por alto para sacar al toro hasta los medios. Allí terminó de descubrirse un animal con genio, descompuesto y con continuos tornillazos al final de los embroques.

Morante entendió que la única posibilidad estaba en acortar distancias. Se metió en el terreno del toro, expuso y trató de ordenar una embestida que nunca terminó de viajar con limpieza. Cuando el animal acabó rajándose, encontró todavía el pasaje más importante de su tarde: una serie sobre la mano derecha, cerca de toriles, en la que consiguió sujetarlo y dar continuidad al muletazo. Dejó una estocada baja y fue ovacionado.

Sebastián Castella paseó la primera oreja del festejo ante el segundo. El toro llegó a la muleta muy justo de fuerzas y con una embestida corta y descompuesta. El francés tuvo que provocar cada arrancada con toques secos de muñeca y dejar rápidamente la muleta en la cara para impedir que el animal se saliese desentendido. Sobre esa base, y principalmente por la mano derecha, consiguió sostener una faena que tuvo bastante más de torero que de toro.

Cuando el animal terminó completamente rajado, Castella tomó la espada. Tras un aviso, dejó una estocada ligeramente tendida que provocó una muerte instantánea. El palco concedió una oreja, pese a que la petición no pareció alcanzar especial fuerza. Antes habían saludado en banderillas Rafael Viotti y Alberto Zayas, y Aarón Palacio había dejado un buen quite por chicuelinas.

Con el quinto llegó otra de las decisiones discutibles del palco. El toro, muy justo de presentación para una plaza de la categoría de Zaragoza, desarrolló una embestida recta, con disparos y sin demasiada continuidad. Castella trató primero de someterlo por abajo y, al comprobar que la faena no terminaba de romper, optó por cambiar completamente el planteamiento.

Acortó las distancias y se metió en terrenos de cercanías, donde protagonizó un arrimón de exposición que consiguió levantar los tendidos. Mató de una estocada y se produjo una petición de oreja que esta vez el presidente no atendió. Castella dio una vuelta al ruedo, en una decisión que contrastó con la rapidez con la que se había concedido el trofeo del segundo.

La banda volvió a formar parte del argumento de la tarde. Toca mucho y, cuando lo hace, toca bien, pero continúa precipitando demasiado sus entradas. En varias faenas apenas había terminado la primera tanda cuando ya sonaban los primeros acordes. El episodio de Morante pidiendo que parase la música fue la imagen más evidente de un problema que empieza a repetirse.

La tarde, sin embargo, terminó por todo lo alto gracias a Aarón Palacio. En una corrida que había frustrado las enormes expectativas previas, «Filósofo» apareció para ofrecer lo que hasta entonces había faltado: bravura, emoción y continuidad. Y Palacio no dejó escapar la oportunidad.

Mañana llegará la segunda comparecencia de Morante de la Puebla en el abono y una de las grandes citas de la feria: la alternativa de El Mene, que esta misma mañana ya se dejó ver en el homenaje tributado al doctor Carlos Val-Carreres. Un nombre, el del histórico cirujano, que ha estado muy presente durante todo el ciclo: Morante y Aarón le brindaron hoy un toro; Castella ya lo había hecho en su primera comparecencia.

Galería
La tarde, en imágenes

Fotografías: Philippe Gil Mir

Zaragoza 16-10-2026 vespertina