El Mene aprueba con nota entre los restos de una corrida hecha a retales

El Mene aprueba con nota entre los restos de una corrida hecha a retales

Crónica
La Misericordia · Zaragoza
Sexto festejo de la Feria del Pilar 2026 · Sábado 17 de octubre de 2026

Ficha del festejo

Plaza
La Misericordia
Zaragoza

Festejo
Corrida de toros
Alternativa de El Mene

Fecha
Sábado 17 de octubre
Feria del Pilar 2026

Entrada
Lleno de «No hay billetes»

Ficha
Resultado

Morante de la Puebla

Morante de la Puebla
Gris plomo y oro
Primer toro: Ovación
Segundo toro: Bronca

Diego Urdiales

Diego Urdiales
Tabaco y oro
Primer toro: Palmas
Segundo toro: Silencio

El Mene

El Mene
Blanco y oro
Tomó la alternativa
Primer toro: Oreja
Segundo toro: Silencio

Desliza lateralmente para ver todos los actuantes

Los toros
Ganaderías

Seis hierros
José Vázquez · Román Sorando · Victoriano del Río · Garcigrande · Alcurrucén · Carmen Lorenzo
Encierro sin unidad, compuesto por ejemplares de distintos hierros, grandones y cinqueños en buena parte, con síntomas de animales corraleados y un desarrollo condicionado por los cambios y devoluciones. Hasta ocho toros atravesaron la puerta de chiqueros. Destacaron la buena condición del toro de José Vázquez lidiado por El Mene en su alternativa y, especialmente, el sexto de Carmen Lorenzo, que ofreció clase y fondo. El segundo tris llevó el hierro de Román Sorando.

Incidencias
Al finalizar el paseíllo sonaron los acordes del Himno Nacional de España. El Mene tomó la alternativa de manos de Morante de la Puebla, con Diego Urdiales como testigo.

En el ruedo
La crónica

Sergio Hueso

Firma
Sergio Hueso
Director del medio
Firma de Sergio Hueso

El Mene convirtió su alternativa en el principal argumento de una tarde marcada por el desconcierto ganadero: cortó una oreja en el toro de la ceremonia y dejó una seria actuación en el sexto, cuyo premio perdió con los aceros. Morante de la Puebla recibió una fuerte bronca en el cuarto y Diego Urdiales quedó prácticamente inédito ante un lote sin opciones.

La corrida estaba prácticamente sentenciada desde el mismo día en que se anunció. Seis hierros distintos en un festejo que nunca fue concurso —aunque alguno, entre el lleno de los tendidos, llegase a preguntarlo— y a estas alturas de temporada componían una ecuación que invitaba a pensar más en una limpieza de corrales que en una corrida concebida con criterio. Y el resultado terminó confirmando buena parte de esos temores.

Animales grandones, cinqueños en buena parte, con síntomas de corraleados y hasta ocho toros atravesando la puerta de chiqueros a lo largo de una tarde en la que hubo prácticamente de todo menos una corrida con unidad, raza y continuidad. Los corrales, eso sí, quedaron limpios.

Tampoco estuvo especialmente acertada la afición de Zaragoza con El Mene. Iker Fernández llegaba al día más importante de su todavía corta carrera, y además lo hacía como torero de la tierra. Sin embargo, esta vez no se le trató como tal. Al término del paseíllo apenas surgieron unas tímidas palmas desde el tendido 5 reclamando ese reconocimiento que La Misericordia sí ha acostumbrado otras veces a dispensar a los suyos. Después sería precisamente él quien justificaría la ilusión.

El primero, de José Vázquez, fue el toro de su alternativa. El Mene lo recibió con una larga de rodillas en el tercio y después se estiró a la verónica con suavidad, cadencia y el mentón hundido. Tras una lidia sin excesiva historia llegó el momento de la ceremonia, con Morante de la Puebla como padrino. Ya con la muleta, brindó el primer toro de su carrera como matador a su padrastro, también apodado El Mene, y comenzó por bajo para llevárselo hacia los medios. Pronto dejó un natural suelto de mucha enjundia, aunque fue sobre la mano derecha donde encontró el mejor fondo del animal.

El toro tuvo una embestida alegre y enclasada, aunque condicionada por su justo poder. El toricantano supo reducirla con suavidad, sin violentarla, componiendo las tandas con naturalidad y sin acusar en ningún momento la responsabilidad de la ocasión. Más áspero fue el pitón izquierdo, por donde el toro viajó más descompuesto y mostró mayor genio al sentir la tela.

El Mene resolvió con madurez, asentamiento y verdad. Cerró la faena con unas manoletinas de enorme ajuste y, aunque pinchó en el primer intento, a la segunda enterró una estocada magnífica que terminó de poner el trofeo en sus manos. Oreja en el toro de su alternativa.

El segundo de la tarde abrió después uno de esos episodios que retratan por sí solos el desorden del encierro. Salió primero un toro de Zalduendo que, tras dar varias vueltas al ruedo, manifestó aparentes problemas de visión. Pañuelo verde.

A continuación apareció un sobrero de José Vázquez, más feo todavía: alto, acaballado, despegado del suelo y con mal estilo. Protestó en el caballo, perdió las manos y mostró una mansedumbre acusada de caballo a caballo. Tampoco duró. Segundo pañuelo verde.

El segundo tris, de Román Sorando, tampoco mejoró demasiado el panorama. Alto, degollado, escurrido de culata y muy despegado del suelo, mostró desde el inicio una mansedumbre evidente, huyendo de los capotes y provocando una lidia desordenada. Y ahí apareció Morante de la Puebla para arrancar lo que parecía no existir.

Siempre en la distancia corta, comenzó por la izquierda y consiguió dejar varios naturales sueltos de enorme categoría a base de colocación, disposición y pulso. El momento más rotundo llegó después sobre la diestra, en una serie en redondo de gran expresión que remató con un soberbio pase de pecho también en redondo. Fue una labor de mérito por la escasa materia prima, pero una estocada defectuosa cerró cualquier posibilidad de premio. Ovación con saludos.

Diego Urdiales tampoco encontró posibilidades con el tercero, de Victoriano del Río. El toro salió sin demasiada entrega, aunque permitió al riojano estirarse a la verónica con mucha categoría, especialmente por el pitón izquierdo. Después pasó por el caballo sin emplearse y llegó al último tercio frenado, sin finales y con genio cuando sintió la tela.

Urdiales buscó primero la mano derecha, pero encontró una embestida a media altura y sin continuidad. Por el izquierdo hubo todavía menos. En mitad de aquello comenzó a sonar una música difícil de justificar, decisión que provocó discrepancias entre los tendidos. El riojano volvió a la diestra y siguió buscando con paciencia hasta dejar claro que allí había muy poco. Pinchó antes de dejar una estocada contraria y escuchó un aviso.

Con el cuarto, de Garcigrande, llegó el momento más bronco de la tarde. El toro prácticamente no pasó por los capotes y tampoco mostró voluntad de emplearse en varas. El tercio de banderillas acabó cobrando un protagonismo inesperado, con parte del público coreando con evidente guasa los pares de Juan José Domínguez, que respondió entrando con firmeza y decisión.

Morante, ya con la muleta, no vio posibilidades. Macheteó al toro para sacarlo hacia fuera y, sin apenas intentar enseñarlo, se cuadró para entrar a matar. Un pinchazo y media estocada pusieron fin a una faena inexistente. La reacción de La Misericordia fue inmediata y contundente: pitos y fuerte bronca.

Que Morante no tuvo lote es evidente. Pero tampoco puede despacharse su actuación únicamente con esa frase. Quien dice ser necesario para el toreo, quien concentra buena parte de la expectación de una feria y provoca que miles de personas se desplacen y gasten dinero para verle, debe asumir también la responsabilidad que acompaña a cada paseíllo. En el cuarto apenas hubo intención de enseñar al toro. Y no todo vale. Quizá él y, especialmente, su entorno, deban medir mejor la estructura y los compromisos de temporadas tan exigentes. Porque la grandeza también se construye en tardes como esta.

El quinto, de Alcurrucén, tampoco dio ninguna opción a Urdiales. Alto, degollado y largo de viga, se frenó desde el inicio y llegó a la muleta sin clase, sin poder y sin terminar nunca las embestidas. Por el derecho pasó andando; por el izquierdo se quedó todavía más corto y apenas alcanzó los embroques. Urdiales mantuvo la disposición, enseñó al toro y agotó unas posibilidades que prácticamente no existían. Dejó una estocada desprendida y algo delantera y terminó con un certero descabello. Silencio.

El toro de Carmen Lorenzo que hizo sexto salió con mejor fondo y El Mene volvió a estar a la altura del momento. Lo recibió con dos faroles, remató el saludo con una buena media y una larga y después lo colocó en suerte por chicuelinas al paso rematadas con un farol. Brindó al doctor Carlos Val-Carreres y comenzó la faena con enorme naturalidad y torería.

Sobre la mano derecha dejó una primera serie de mucha suavidad, con pulso, despacio y llevando de verdad unas embestidas que mostraron clase. En uno de los remates llegó la voltereta: el toro le empaló por la taleguilla. El Mene se levantó sin mirarse. Y volvió a la cara con mayor raza si cabe.

Lejos de enfriarse, la faena creció en enteros. También el toro sacó mayor fondo con el paso de las tandas y el aragonés respondió con firmeza, cruzándose al natural, buscando constantemente el pitón contrario y asumiendo el riesgo ante un animal que amenazaba con colarse por dentro. Hubo verdad, hubo colocación y hubo una notable sensación de torero hecho para la exigencia.

El epílogo tuvo intensidad, con un natural de mucha categoría y un remate final que puso en pie a los tendidos. El premio estaba servido. Pero se escapó con los aceros. Pinchó en el primer encuentro, volvió a pinchar, dejó después un pinchazo hondo y terminó marrando también con el descabello. Silencio en el resultado, aunque la plaza había visto bastante más de lo que decía el marcador.

El Pilar afronta ahora su último capítulo con la corrida de rejones de este domingo, si el temporal lo permite. Asoma la incertidumbre con una Misericordia sin cubierta, pendiente de la meteorología ante la incapacidad de la Diputación de Zaragoza para resolver uno de los eternos problemas del coso.

Galería
La tarde, en imágenes

Fotografías: Philippe Gil Mir

Zaragoza 17-10-2026 vespertina