Ovación tras aviso
Ovación
Dos orejas
Fortes convirtió la tarde en una reivindicación de firmeza, madurez y sitio. Su primer capítulo llegó frente al tercero, un toro de Núñez del Cuvillo con movilidad y humillación, al que ya recibió con buen tono a la verónica y después por chicuelinas. El tercio de banderillas tuvo nivel, con Curro Vivas y Gómez Pascual saludando tras dos intervenciones de gran mérito.
El malagueño se echó de rodillas en los medios y ligó una primera serie en redondo que prendió de inmediato a los tendidos. A partir de ahí, tuvo que pelear contra el viento y contra un toro que amagaba con desentenderse, pero no perdió nunca el pulso. Fortes mantuvo la faena viva desde la colocación, el compromiso y una exposición constante, logrando series de mucho mérito por ambos pitones.
Las manoletinas finales elevaron la emoción antes de una media estocada al segundo intento. Oreja.
La faena grande llegó con el sexto. Fortes volvió a lucirse con el capote, primero a la verónica, después en el galleo por chicuelinas y más tarde en un quite por tafalleras. Brindó la faena a Morante de la Puebla y comenzó apoyado sobre las tablas, muy quieto, con varios pases por alto.
El toro tuvo prontitud, pero también muchas teclas. Le costaba completar los viajes, embestía con el pitón de fuera y, en ocasiones, se vencía hacia dentro. Fortes tragó mucho desde las primeras tandas y fue corrigiendo uno a uno los defectos del animal.
La faena encontró su mejor expresión sobre la diestra, donde el malagueño toreó con mando, templanza y un ajuste creciente. El final, muy metido entre los pitones, terminó de encender La Malagueta. Una estocada caída cerró una actuación de enorme peso. Dos orejas y Puerta Grande.
Morante de la Puebla dejó los pasajes de mayor expresión artística de la corrida pese a encontrarse con un lote muy limitado. El primero, serio y ofensivo, llegó justo de fuerzas y con poca entrega. Morante fue capaz de sostenerlo a media altura y de construir una faena de mucho mando sobre la diestra.
Una fea voltereta tras un desplante no le hizo perder el hilo. Volvió de inmediato a la cara y encontró al natural los muletazos de mayor torería, largos y curvos. Una estocada fulminante cerró una obra de mucho mérito, pero el palco no atendió la petición. Ovación tras petición.
El cuarto volvió a exigir paciencia. Morante dejó ya con el capote una verónica por el pitón derecho de enorme categoría y, con la muleta, construyó una faena de gran hondura pese al viento y a la escasa transmisión del toro.
Lo mejor llegó al natural, con muletazos profundos, arrastrando la muleta y rematando detrás de la cadera. Cuando el viento concedió una tregua, el sevillano firmó una tanda cumbre por la izquierda. Media estocada, descabello y aviso cerraron una tarde de mucha torería sin premio. Ovación tras aviso.
Diego Urdiales tuvo pocas opciones de entrar de lleno en el festejo. El segundo permitió algunas buenas verónicas, pero llegó a la muleta con poco fondo y muy condicionado por el viento. El riojano optó por el toreo de uno en uno y dejó varios naturales de buen trazo, aunque sin continuidad ni verdadero eco. Ovación.
El quinto fue todavía más deslucido. Basto de hechuras, defensivo y siempre sobre las manos, apenas permitió a Urdiales arrancar muletazos sueltos de buen tono. El riojano resolvió desde la seriedad y dejó lo mejor con una gran estocada que rubricó su paso por La Malagueta. Ovación.
Corrida de Núñez del Cuvillo desigual de presentación y de escaso juego en conjunto, marcada por la falta de bravura y emoción, aunque tercero y sexto ofrecieron mayores posibilidades a Fortes.




