
El Cid abrió plaza ante Mandarín, un toro pegajoso, que reponía y nunca terminó de entregarse. El saltereño llevó la faena con temple y dejó algunos muletazos sueltos de buen trazo, aunque sin continuidad suficiente para elevar la labor.
Tras pinchar antes de la estocada, fue despedido con ovación con saludos. Menos opciones encontró con Piernasnegras, noble pero muy soso, frente al que apenas pudo hilvanar algún pasaje aislado antes de ser silenciado.
El segundo, Prisionero, tuvo calidad y mejores posibilidades. Emilio de Justo dejó detalles de su sello, pero no terminó de acoplarse ni de dar verdadera continuidad a una faena de altibajos.
El toro fue ovacionado en el arrastre y el extremeño escuchó palmas. Con el quinto, Aguadentro, volvió a comenzar con buen tono, aunque la labor fue perdiendo fuerza a medida que el toro se apagaba. El desacierto con los aceros dejó su actuación en silencio.
Los momentos más templados de la tarde llegaron por la zurda de Tomás Rufo. Frente a Chimenea, un buen toro, noble, humillador y de gran entrega, el toledano firmó naturales de calidad y supo aprovechar la excelente condición del animal.
El fallo con la espada le privó de un posible trofeo y fue despedido con ovación con saludos, mientras el toro recibió también una ovación en el arrastre.
Con Barquillero, sexto del festejo, volvió a encontrar profundidad al natural y dejó un gran pase de pecho, aunque la escasa transmisión del toro y una estocada muy caída terminaron enfriando cualquier opción de premio. Recibió palmas.

