Dos orejas
Oreja

La tarde terminó colocando a Roca Rey a hombros, aunque el balance numérico fue bastante más rotundo que la dimensión real de su actuación. El peruano había sido ovacionado frente al segundo, Lastimado, un toro de Victoriano del Río mal presentado que repitió con facilidad en la muleta.
Roca Rey inició de rodillas con pases cambiados por la espalda y encontró inmediatamente la complicidad de un público mayoritariamente joven y muy entregado. Ligó los muletazos alargando los viajes, aunque con frecuencia toreó despegado y abusó del pico. El efectismo tuvo más peso que el ajuste y la espada, con dos pinchazos antes de la estocada, dejó todo en ovación con saludos tras aviso.
El quinto, Pañero, de Daniel Ruiz, fue otro toro justo de presencia, que salió suelto pero terminó repitiendo con nobleza en la muleta. El peruano volvió a construir una faena de gran impacto popular, pero desigual en su contenido. Hubo algún muletazo profundo y un excelente pase de pecho en dos tiempos, junto a otros momentos de menor ajuste y más periferia.
La faena terminó prolongándose hasta recibir un aviso y una parte del público llegó incluso a solicitar el indulto, petición que el palco no atendió. Tras un pinchazo y una buena estocada en la querencia, la presidencia concedió dos orejas, un premio excesivo para la entidad de lo sucedido.
Frente al ruido de una tarde muy festiva, Samuél Navalón dejó los argumentos de mayor firmeza. Con Artesano, tercero de Daniel Ruiz, se fue de rodillas y después firmó dos chicuelinas de gran ajuste. En un quite por tafalleras fue arrollado, se levantó y volvió de inmediato a la cara del toro.
La faena estuvo marcada por la capacidad para aprovechar un animal que se vino abajo demasiado pronto. Navalón dejó muletazos de mucha verdad sobre la derecha y momentos todavía mejores al natural, mientras sonaba Cielo Andaluz.
Conforme el toro se fue parando, el de Ayora apretó más, expuso y sostuvo la labor desde la inteligencia y el valor. Una buena estocada a la segunda le permitió cortar una oreja.
En el sexto volvió a dar la cara. Bocinero, de Victoriano del Río, fue un toro falto de remate y trapío, pero exigente y con dificultades. Navalón lo recibió con una larga cambiada en la puerta de chiqueros y después lo paró con torería a la verónica.
En varas, Agustín Moreno fue derribado y el caballo resultó corneado en el suelo. En banderillas destacó Javier Perea, obligado a desmonterarse. Con la muleta, Navalón comenzó con pases cambiados por la espalda y encontró mayor recorrido por el pitón derecho.
Por el izquierdo, el toro acortó progresivamente, pero el valenciano lo sometió y sostuvo con firmeza. El epílogo por luquesinas tuvo mucha verdad y ajuste. Los pinchazos y la media estocada impidieron que llegara un nuevo premio. Hubo petición minoritaria y todo quedó en ovación con saludos.
La tarde fue mucho más cuesta arriba para Alejandro Talavante. El primero, Enemigo, de Daniel Ruiz, fue un toro justo de presentación y prácticamente inválido desde los primeros compases. Protestado por su falta de fuerzas, no se empleó en varas y llegó al último tercio sin sostenerse.
Talavante comenzó pegado a tablas, pero no tuvo posibilidad alguna de construir faena. Macheteó pronto y decidió abreviar. Cuatro pinchazos, la estocada y dos descabellos terminaron de alargar el desenlace. Pitos.
Con el cuarto, Juguetón, también de Daniel Ruiz, el extremeño tuvo mayores posibilidades. Tras un farol y un recibo con interés, abrió de rodillas una faena que encontró sus mejores momentos al natural.
Por el pitón izquierdo dejó muletazos de profundidad y mando ante un toro que comenzó metiendo bien la cara, aunque terminó acortando el viaje. Talavante sostuvo la faena cuando el animal ya ofrecía menos, pero volvió a fallar con la espada y necesitó tres entradas. Ovación con saludos.

