Oreja tras aviso
Dos orejas
Oreja con petición

Emilio de Justo mostró una inspirada versión de sí mismo, volviendo a repetir triunfo en el coso vallisoletano. David de Miranda dejó una grata impresión en su presentación, mientras que Morante se estrelló contra su lote de una mal presentada e insulsa corrida de El Vellosino.
Con Morante, pero sin Garcigrande ni Mario Navas, arrancó la tercera de abono en Valladolid. Una tarde de máxima expectación en la que los astados charros de El Vellosino entraron en lugar de los anunciados en un principio, que fueron rechazados al completo.
En concreto fue ‘Gitano’, un colorado pitado de salida, el encargado de abrir plaza y al que Morante no pudo recibir de capa, ya que perdió las manos en varias ocasiones. Tampoco pudo hacer nada con la muleta pese a la intentona, dado que el animal volvió a caerse de nuevo. Estocada algo desprendida al cuarto intento. Silencio.
Hizo segundo un astado de La Purísima, el único del encierro, que también fue pitado de salida. Hasta los mismísimos medios se fue Emilio de Justo a pararlo con el capote a una mano, un recibo muy vistoso que causó una grata impresión en los tendidos vallisoletanos.
Brindó su faena a Mario Navas que, aunque no de luces, terminó pisando el albero vallisoletano. Gran ovación del público para su paisano. Comenzó Emilio citando al toro desde el tercio, donde realizó una inspiradísima faena a su noble oponente.
Compuso bien con ambas manos, dejando lo mejor al natural. La espada quedó algo trasera y tendida, cosa que no ablandó la petición. Oreja tras aviso.
Recibió David de Miranda a su primero con un lúcido ramillete de verónicas en los medios. También en los medios realizó un impávido quite por saltilleras que enmudeció al tendido.
Volvió a brindar a Mario Navas y la plaza, de nuevo, se volcó con él. Optó por un inicio con ayudados por alto de rodillas, muy quieto y arriesgando hasta el final. Faena basada en el toreo al natural, siempre pisando los terrenos del toro. Acabó, fiel a su concepto, metido en la mismísima cara del animal.
Estocada algo caída. Oreja con fuerte petición de la segunda.
Como cuarto salió por chiqueros un impresentable toro de El Vellosino, indigno de una plaza como Valladolid. Lo saludó Morante con un intenso ramillete de verónicas, cantadas fuertemente por un público que le esperaba con máxima expectación.
No terminó de servir el animal, que parecía querer arrancar la muleta de la mano al cigarrero. Protestaba levantando mucho la cara. Pese a ello, Morante pudo dejar los mejores detalles de su obra con la mano izquierda. Estocada en el sitio. Ovación.
De hinojos desde el tercio recibió Emilio de Justo al segundo de su lote en la puerta de chiqueros. Ya en el tendido 8, lugar del burladero de matadores, repitió la ecuación antes de cerrar su recibo con unas chicuelinas.
Tras brindar al público, planteó una faena intensa, exprimiendo al toro con las dos manos. El animal humilló con codicia hasta el final, e incluso se le llegó a pedir tímidamente la vuelta al ruedo. Estocada muy trasera. Dos orejas.
Suelto y corretón salió el último toro de la tarde. Tanto es así que no se fijó en los engaños hasta el tercio de banderillas.
Ya con la muleta y después de brindar al público, David de Miranda tiró de oficio ante un animal que, de tener algo potable, lo tenía por el pitón derecho. Por el izquierdo se quedaba corto. Así lo vio el de Trigueros, que no cesó su intentona hasta el final. Enmudeció los tendidos cuando se encerró entre los pitones. Estocada bien puesta que precisó de tres golpes de verduguillo. Palmas tras aviso.









