Zaragoza, el claro ejemplo de un toreo que vive a por uvas

Zaragoza, el claro ejemplo de un toreo que vive a por uvas

Tiene Zaragoza este miércoles, día 22, una manifestación para protestar por la situación que atraviesa la plaza de toros de la capital aragonesa. Una situación que el mundo del toro ha comenzado a tomarse verdaderamente en serio cuando faltan apenas 85 días para el 12 de octubre, día grande de las Fiestas del Pilar. El problema no ha aparecido de repente. Se veía venir desde octubre, cuando finalizó el anterior contrato, pero nadie comenzó a reaccionar de verdad hasta que se tumbó el tercer pliego.

Ni los aficionados ni los profesionales —a partes iguales— habían protestado suficientemente y de manera seria ante una situación gravísima que llevaba meses anunciándose. En estas mismas líneas advertí hace tiempo, no hace unos días, de lo que podía terminar ocurriendo. Porque, entre todos los defectos que tiene el toreo, quizá el principal sea el conformismo. Esa incapacidad para ver las orejas al lobo hasta que ya tenemos el fuego encima. A 85 días del Pilar pretendemos realizar ahora el trabajo que tendríamos que haber hecho durante el invierno. Pero en el toreo el invierno no existe.

El toreo solo vive del presente porque nunca ha tenido verdadera ambición de futuro. Cuando acaba la temporada, cada uno se marcha a su casa y los problemas quedan aparcados hasta que vuelven a aparecer en primavera. Nadie planifica, nadie previene y nadie trabaja para evitar el incendio. Después, cuando todo está ardiendo, aparecen las carreras, las declaraciones y las llamadas a la unidad. Así nos ha ido. Y así nos va.

Se ha convocado una manifestación deprisa, con las mejores intenciones —no lo dudo— y porque, de no haberse dado ese paso, probablemente nadie habría hecho nada. Hay que reconocer el esfuerzo de quienes la han impulsado y están trabajando para movilizar a la afición. Pero me temo que llegamos tarde. Los hilos deberían haberse movido mucho antes. No se podía esperar a que se tumbara el tercer pliego para comenzar a poner en marcha la defensa pública de La Misericordia. Una plaza de primera categoría y una feria como la del Pilar no pueden depender de una reacción improvisada a menos de tres meses de su celebración.

En la situación actual, ANOET también tiene su parte de responsabilidad. Es cierto que, posiblemente por primera vez, ha plantado cara con verdadera firmeza a las injusticias que determinadas administraciones cometen mediante los pliegos de condiciones. Los recursos eran necesarios y, en ese sentido, ha hecho bien defendiendo los intereses de las empresas y del propio espectáculo. El problema es que ANOET estaba oxidada. Durante demasiados años no ejerció como la patronal fuerte que debería representar a las empresas taurinas y, cuando se ha encontrado ante un conflicto de esta magnitud, no tenía preparado un plan B. Más allá de tumbar los pliegos —algo necesario—, tampoco ha existido una alternativa capaz de impedir que Zaragoza pueda quedarse sin toros.

El último pliego paralizado era nefasto. En eso estamos de acuerdo. Convertía la gestión de La Misericordia prácticamente en una subasta económica y relegaba a un segundo plano cualquier criterio artístico. Pero, al menos, podía haber servido como un parche momentáneo para salvar la Feria del Pilar con algunas de las empresas que llegaron a presentarse, varias de ellas con claro sabor aragonés. Quizá lo inteligente habría sido utilizar ese procedimiento en favor de la propia feria, salvar octubre y, una vez terminado el Pilar, afrontar con tiempo, seriedad y firmeza un problema que no puede solucionarse en 85 días.

No se trataba de aceptar para siempre un modelo equivocado. Se trataba de evitar que Zaragoza tuviera que elegir entre un pliego nefasto o quedarse sin toros. Nadie fue capaz de encontrar una tercera vía. Porque la situación de Zaragoza se ha utilizado para todo menos para salvar su feria. Los políticos la han convertido en una bala de campaña ante unas elecciones a la Diputación que están a la vuelta de la esquina. Unas elecciones que, en condiciones normales, ni siquiera deberían ser necesarias para exigir responsabilidades.

Porque, con unos dirigentes mínimamente responsables, el Sr. Juan Antonio Sánchez Quero debería haber dimitido después del primer pliego tumbado. No haber sido capaz de sacar adelante correctamente un procedimiento de esta importancia ya era motivo suficiente para abandonar el cargo. Después han llegado más errores, más recursos, nuevas paralizaciones y una incertidumbre absoluta, mientras Zaragoza continúa sin empresario y con la Feria del Pilar seriamente amenazada.

Pero resulta absurdo esperar una dimisión cuando todo su partido sigue hincado en el sillón con todo lo que tiene detrás. Esto es España y hay cosas que nunca cambian. Y no cambian, principalmente, porque se consienten. Porque esta noche, si gana nuestra selección, todos saldremos a la calle a celebrarlo. Sin embargo, nuestros políticos nos roban, se ríen en nuestra cara y no somos capaces de salir a la calle para protestar. Los españoles, de tan nobles, rematamos en tontos.

El mundo del toro tampoco ha demostrado demasiada personalidad. La prueba está en el centenar de vídeos de profesionales animando a acudir a la manifestación del próximo 22 de julio. Los mensajes son importantes y cualquier apoyo a Zaragoza debe agradecerse. Pero a mí me surge una pregunta inevitable: ¿Dará la cara toda esa gente y se personará el próximo miércoles en Zaragoza? Me temo que no (y ojalá me tenga que tragar mis propias palabras).

Y eso no es dar la cara, sino quedarse a medio camino. Para limitarse a hacer el paripé en las redes sociales y cubrir el expediente, casi es mejor taparse. Zaragoza no necesita únicamente vídeos grabados desde casa. Necesita profesionales dando la cara, desplazándose hasta la ciudad y situándose junto a los aficionados delante de la Diputación. Resulta, además, especialmente irónico comprobar cómo varios de los toreros que se han grabado sensibilizándose con la situación de Zaragoza se han negado anteriormente a torear en la propia capital aragonesa cuando se les ha ofrecido. El Pilar es una feria que pesa. Llega al final de la temporada, es exigente y a muchos les cuesta acudir. Pero ahora todos parecen haber descubierto de repente la importancia de La Misericordia. Irónico, ¿verdad? Pero real.

También José Tomás ha salido a la palestra con un vídeo sensibilizándose con Zaragoza, algo que naturalmente es de agradecer. Su nombre y su dimensión conceden repercusión a cualquier causa que decide respaldar públicamente. Pero tampoco podemos olvidar que lleva sin torear en Zaragoza un total de 26 años, desde aquel 9 de abril del año 2000 en el que un toro de José Luis Marca lo hirió gravemente. Es cierto que el torero de Galapagar actúa muy poco. Nadie puede discutirlo. Sin embargo, cuando ha decidido reaparecer o vestirse de luces durante todos estos años, ha elegido otras plazas de menor entidad —dicho con todo el respeto del mundo—, mientras Zaragoza permanecía fuera de sus planes.

Ahora aparece el vídeo y a todos les gusta. Aplaudir el mensaje es compatible con recordar la realidad. Porque Zaragoza necesita respaldo cuando está en peligro, pero también necesita que las figuras la respeten cuando llega el momento de confeccionar los carteles. En definitiva, el toreo vive a por uvas. No previene, no planifica y no reacciona hasta que los problemas están prácticamente encima. Zaragoza es el resultado de una pésima gestión política, pero también es el espejo de un sector desunido, conformista y acostumbrado a actuar cuando quizá ya sea demasiado tarde.

Desde este portal venimos advirtiendo de esta situación desde que terminó el anterior contrato. Lo escribí cuando todavía había tiempo para trabajar y encontrar soluciones. Aquella advertencia tiene nombres y apellidos: los del director de este medio y por tanto los de quien firma esta columna dominical. Entonces nadie se manifestó. No lo hicieron los profesionales, ni los aficionados, ni las asociaciones, ni buena parte de la prensa. Ahora todos se lamentan.

Ojalá la manifestación sea multitudinaria. Ojalá sirva para remover conciencias, obligar a asumir responsabilidades y encontrar una solución. Ojalá Zaragoza pueda celebrar su Feria del Pilar. Pero que nadie finja después sorpresa. Todos estaban avisados. Ahora veremos si llegamos al Pilar.