Pamplona no es un escenario para el ‘Joker’

Pamplona no es un escenario para el ‘Joker’

Durante varios días, el conocido como ‘Joker’ de los encierros de Pamplona se convirtió en uno de esos personajes a los que muchos ríen la gracia hasta que ocurre algo. Su caracterización, sus gestos y su constante afán por hacerse notar encontraron eco en las redes sociales y cierta complicidad entre quienes confundieron la personalidad de San Fermín con la ausencia absoluta de límites.

Este sábado fue interceptado por la Policía Municipal durante la suelta de vaquillas, después de haber participado en el encierro grabando con un teléfono móvil. Una conducta impropia, irresponsable y completamente alejada del respeto que exige una carrera delante de seis toros.

Porque el encierro de Pamplona no es un escenario para fabricar vídeos ni un decorado en el que cualquier personaje pueda buscar su minuto de notoriedad. Cada mañana salen a sus calles seis astados capaces de matar. No es una forma de hablar ni una exageración. La prueba más evidente está en todas las personas que han perdido la vida en este recorrido a lo largo de su historia.

Por eso cuesta entender que, con el exhaustivo control de acceso que existe, pueda entrar alguien con una careta, un teléfono en la mano y más intención de hacer el payaso que de participar con seriedad en el encierro. No debería haber llegado al recorrido. Mucho menos después de varios días dejándose ver y convirtiéndose en protagonista.

El problema no es únicamente su aspecto. Cada uno puede vestirse o caracterizarse como quiera. El problema es la actitud. Entrar pendiente de una cámara, llamar la atención y utilizar al toro como parte de un espectáculo personal pone en peligro al propio individuo y también al resto de corredores.

Una cosa es respetar la personalidad de Pamplona, el ambiente de sus peñas, la música, el bullicio y esa manera tan particular de entender la feria. Todo ello forma parte de la identidad de San Fermín y debe defenderse. Otra muy distinta es permitir que el encierro se convierta en un circo para personajes que solo buscan repercusión.

La fiesta no está reñida con el respeto. Al contrario. Cuando suena el primer cohete, la broma termina. En ese momento solo deben quedar la concentración, la responsabilidad y el respeto al toro y a quienes corren a su lado.

La sanción era necesaria, pero llegó tarde. Antes hubo varios días de bromas, fotografías y vídeos que hicieron crecer a un personaje que nunca debió encontrar sitio dentro del recorrido.

Pamplona puede cantar, reír y celebrar como ninguna otra ciudad. Pero delante del toro no caben payasos. El encierro tiene demasiada historia, demasiado riesgo y demasiadas vidas detrás como para convertirlo en el escenario del próximo ‘Joker’.