La plaza de Coso de San Albín vivió una tarde de juventud, ambición y entrega en un festejo marcado por la desigual respuesta del encierro de Couto de Fornilhos, del que salió un único trofeo para Tomás Bastos, mientras Julio Méndez dejó la labor de mayor calado artístico y Carlos Tirado evidenció un concepto clásico que no encontró refrendo con los aceros.
Abrió plaza “Arrojado”, un novillo de correcta presencia pero muy escaso de raza. Frente a él, Tomás Bastos dejó un saludo capotero de buen gusto y compostura. En la muleta, el portugués tiró de oficio y voluntad para intentar construir una faena ante un animal huidizo, sin entrega y de escasas opciones. Cambió terrenos, tapó salidas y mantuvo una actitud firme para sostener un trasteo que tuvo más mérito que lucimiento. Cerró con una estocada desde larga distancia y fue premiado con una ovación.
El segundo, “Marqués”, ofreció algunas posibilidades para Carlos Tirado, que dejó un recibo a la verónica templado y elegante. La faena fue creciendo conforme el torero onubense fue entendiendo a un novillo manejable, logrando sus mejores pasajes por el pitón derecho, donde compuso tandas ligadas y de trazo clásico. Por el izquierdo encontró mayores dificultades, pero respondió con firmeza y limpieza. La música acompañó su labor, aunque el fallo con la espada dejó todo en ovación.
El tercero, “Fugitivo”, fue el de mejores condiciones del lote inicial y permitió ver la dimensión de Julio Méndez. El extremeño firmó una actuación de notable altura, primero con un capote de profundidad y luego con una muleta templada y poderosa. Estructuró su labor con inteligencia: primero en redondo, llevando largo al animal, y después en distancias más cortas, donde se metió entre los pitones con valor y dominio. Fue una faena de poso, de gran calado en los tendidos, que quedó sin premio tras reiterados pinchazos.
En el cuarto, “Lusitano”, Tomás Bastos volvió a dejar constancia de su ambición. Saludó con verónicas vibrantes y se fue a los medios para iniciar de rodillas con un cambiado por la espalda. El novillo mostró mansedumbre e irregularidad, pero el portugués no bajó la guardia. Insistió con firmeza, apostando en cada embroque, y logró momentos de conexión con el público. Unas bernadinas muy ajustadas y una estocada efectiva rubricaron una actuación premiada con una oreja, única del festejo.
El quinto, “Bastilho”, de imponente presencia, puso a prueba a Carlos Tirado, que firmó una de las faenas más serias de la tarde. El onubense construyó un trasteo de gran mérito, lleno de sentimiento y pureza, destacando especialmente al natural, con muletazos largos y hondos. Siempre erguido, con elegancia y temple, dejó una obra de corte clásico ante un novillo exigente y venido a menos. De nuevo, la espada frustró el premio, quedando en ovación tras dos avisos.
Cerró la tarde “Apoulado”, un utrero serio y de escasa clase, frente al que Julio Méndez volvió a mostrar recursos y personalidad. Inició con doblones de mando y desarrolló una faena completa, con especial relieve por el pitón izquierdo, donde dejó naturales largos y templados de notable exigencia. También por el derecho mostró capacidad de sometimiento y variedad. La música acompañó su actuación, pero un nuevo desacierto con el acero lo privó de tocar pelo.
LA RESEÑA
Plaza de toros de Mérida (Extremadura) || Novillada con picadores
Entrada: Un cuarto de plaza.
Se lidiaron novillos de Couto de Fornilhos, bien presentados y de juego variado en su conjunto con mansedumbre como tónica general de la corrida
- TOMÁS BASTOS, ovación y oreja.
- CARLOS TIRADO, ovación y ovación tras dos avisos.
- JULIO MÉNDEZ, ovación y ovación;

