La novillada que abrió la temporada portuense exigió más oficio que inspiración. Los ejemplares de Cortijo de la Sierra y Rocío de la Cámara tuvieron movilidad en distintos grados, pero les faltó continuidad, entrega y ese punto de raza que convierte una embestida correcta en una emoción verdadera. En ese contexto, Samuel Castrejón y Antonio Santana acabaron saliendo a hombros después de una noche que superó las tres horas y en la que la disposición estuvo casi siempre presente.
Antonio Santana dejó probablemente los pasajes de mayor personalidad del festejo. Su concepto apareció desde el recibo al cuarto, un novillo que se le vino recto cuando lo esperaba de rodillas y le obligó a echar cuerpo a tierra. Lejos de descomponerse, Santana se repuso y lo metió en el capote con torería, suavidad y varias verónicas de buen trazo, rematadas con una media. Después quitó por tafalleras desde los medios y cerró con una cordobina, uno de los momentos más expresivos de la noche.
Brindó a Antonio Galán y comenzó la faena con la rodilla semiflexionada, sacando al novillo desde el tercio con pases por bajo. Su labor dejó la huella de un torero con concepto, aunque el animal se vino abajo después de la primera tanda. Santana mantuvo siempre la muleta presentada al final de los embroques, tratando de prolongar los viajes y puso la disposición que le faltaba a su oponente, pero las embestidas se fueron acortando y nunca terminaron de alcanzar los finales. Una estocada después de un pinchazo le permitió cortar una oreja.
Con el último, recibido con varias largas de rodillas en el tercio dentro de un variado saludo capotero, volvió a exhibir entrega. El novillo empujó y metió los riñones en el caballo en un puyazo medido, tras el que el picador fue despedido con una ovación. Santana brindó al público y mantuvo la voluntad cuando el festejo ya caminaba por encima de las tres horas. Esa actitud encontró el premio de otra oreja y de una Puerta Grande ganada desde la disposición, pero también desde una forma reconocible de interpretar el toreo.
También salió a hombros Samuel Castrejón, que encontró en el séptimo el novillo de mayor alegría inicial para su muleta. El animal salió suelto y sin querer pasar por el capote, antes de recibir un puyazo en el que apenas fue señalado. Castrejón inició la faena con la montera calada y ayudados por bajo desde el tercio. La embestida tuvo alegría y rompió a más en las primeras series sobre la diestra, donde el novillero pudo conducirla con mayor ligazón.
Al natural dejó algún muletazo de trazo profundo, aunque un desarme cortó el crecimiento de la faena. Desde entonces, el novillo comenzó a ponerse más defensivo y el conjunto perdió temperatura. Castrejón cerró con una estocada y obtuvo la oreja que terminó de abrirle la Puerta Grande.
Su primera actuación había tenido más matices que continuidad. El tercero, primero con el hierro de Rocío de la Cámara, salió muy suelto y dio varias vueltas al ruedo antes de que Castrejón lograra mecerlo con suavidad desde los medios. Lo colocó en el caballo por chicuelinas al paso y comenzó la faena al natural, citándolo desde los medios. El novillo acudió inicialmente pronto al galope y con ritmo, pero empezó a quedarse corto y a reponer sobre las manos.
La mejor serie llegó sobre el pitón derecho, cuando el animal embistió con recorrido, humillación y siguiendo el engaño por dentro. Castrejón regresó después a la izquierda, aunque por ese lado nunca terminó de alargar la embestida. Cuando quiso volver al derecho, que había sido el pitón más potable, el novillo ya había cambiado y no alcanzaba el embroque. Una estocada baja puso fin a una labor marcada por lo que pudo haber sido y no terminó de cuajar.
Gonzalo Capdevila hizo de la firmeza el eje de su actuación. Se fue de rodillas a la puerta para esperar al segundo, que rehuyó el capote y volvió a manifestar esa condición al arrollarlo hacia tablas cuando trataba de fijarlo en el tercio. Capdevila resolvió la situación toreando sobre las piernas y consiguió dejarlo cerrado en los medios con habilidad.
El novillo recibió un puyazo muy medido y protestó en el peto, empujando de costado con el pitón izquierdo. Ya con la muleta, Capdevila tuvo que tirar constantemente de una embestida frenada. El novillero mandó, sostuvo la colocación y fue armando una labor que creció durante su segunda mitad. Las manoletinas y los circulares invertidos por la espalda conformaron un final de mayor conexión con los tendidos. Una estocada después de un pinchazo le puso una oreja en el esportón.
En su segundo turno volvió a encontrarse con un animal huidizo de salida y descompuesto en la muleta. El novillo acudió al galope al caballo, pero rehuyó después de un simple picotazo. Su embestida fue cambiante, sin orden y rematada casi siempre con un derrote de cara alta que afeó el esfuerzo de Capdevila. El novillero volvió a plantar firmeza, presentó la muleta con seguridad e intentó ordenar aquello que llegaba sin concierto. Pinchó dos veces antes de dejar la estocada y vio escaparse cualquier posible premio.
Víctor Barroso fue quien asumió más riesgos de salida, esperando de rodillas en la puerta tanto al primero como al quinto. Al que abrió plaza lo saludó con una limpia portagayola, aunque el novillo salió suelto y sin encelarse. Barroso logró cerrarlo en los medios con dos medias ejecutadas con mucha suavidad.
El animal tuvo movilidad y buen ritmo en banderillas, pero en la muleta le faltó transmisión. Pasó con nobleza y colocó bien la cara, aunque sin la raza necesaria para que la faena alcanzara los tendidos. Solo en el último tramo, durante una serie en redondo que Barroso consiguió ligar, el público terminó entrando en una labor que ya no encontró continuidad. El novillo echó la persiana y cayó después de un pinchazo agarrado. El palco concedió una oreja excesivamente generosa, pues la petición no fue mayoritaria.
En el quinto, Barroso repitió su apuesta y volvió a marcharse de rodillas a la puerta. El novillo salió recto y saltó por encima del torero sin entregarse en el capote. Empujó y humilló con el pitón izquierdo en el puyazo y llegó a banderillas con mucha movilidad, haciendo hilo y poniendo en apuros a los hombres de plata.
El portuense entendió que debía dejar la muleta puesta en la cara al final de cada embroque para impedir que el novillo se marchara suelto. Así consiguió encelar la embestida y construir varias series de mérito antes de que el animal redujera su recorrido y comenzara a quedarse más corto. Una buena estocada al segundo intento cerró una actuación inteligente, quizá más sólida que la premiada ante el primero.
LA RESEÑA
Plaza de toros de El Puerto de Santa María (Cádiz) – Novillada con picadores || Primera de la Temporada de Verano de El Puerto 2026
Entrada: Media plaza
Se lidiaron novillos de Cortijo de la Sierra (1º, 2º, 4º y 5º) y Rocío de la Cámara (3º, 6º, 7º y 8º),
- VÍCTOR BARROSO : Oreja y Ovación
- GONZALO CAPDEVILA : Oreja y Vuelta al ruedo
- SAMUEL CASTREJÓN : Oreja tras aviso y Oreja
- ANTONIO SANTANA que debuta con picadores : Oreja y Oreja;

