Dos orejas
Dos orejas y rabo

Roca Rey fue el gran triunfador de la tarde en La Condomina. El peruano cortó dos orejas a su primero y encontró en el sexto, el toro de mayor emoción de Victoriano del Río, el material para firmar una faena inspirada y variada premiada con dos orejas y rabo.
La primera obra de Roca Rey llegó frente a Adorado. El toro comenzó con buenas condiciones, aunque terminó apagándose, y el peruano supo exprimirlo primero sobre la diestra y después en las cercanías. El arrimón y un final de máxima conexión con los tendidos precedieron a una estocada que puso en sus manos dos orejas.
Pero el golpe definitivo llegó con Soleares. El sexto fue el toro que cambió el pulso de la corrida: tuvo movilidad, tranco, clase y emoción, además de acudir desde lejos y con fuerza al caballo.
Roca Rey lo recibió con verónicas a pies juntos, chicuelinas muy ceñidas y una serpentina antes de desplegar una faena larga, variada e inspirada. El comienzo de rodillas encendió La Condomina y después llegaron trincherillas, molinetes y distintos detalles de gusto antes de cerrar por luquecinas.
Tras una estocada algo trasera paseó dos orejas y rabo y salió a hombros. Al toro, con méritos sobrados, le faltó el pañuelo azul de una merecida vuelta al ruedo.
Paco Ureña encontró nobleza y repetición en su primero, también llamado Soleares. El lorquino toreó con mayor continuidad sobre la diestra y dejó al natural algunos muletazos de notable factura, incluido un natural desmayado de especial gusto.
Los dos pinchazos previos a la estocada enfriaron el reconocimiento y recibió ovación. Con Enamorado volvió a dejar momentos de buen toreo ante un animal noble, con recorrido pero justo de fuerzas.
Ureña supo administrarlo y firmó sobre la diestra los muletazos de mayor profundidad de su tarde, pero nuevamente los aceros cerraron la puerta al trofeo. Ovación con saludos tras aviso.
La tarde de Juan Ortega tuvo más brillo con el capote que con la muleta. Ante Empanado necesitó tiempo para encontrar colocación y distancia, aunque cuando consiguió asentarse dejó dos tandas de mayor profundidad y algunos naturales de buen trazo.
El mal uso de los aceros hizo sonar dos avisos y fue silenciado.
Con Jilguero dibujó algunos de los lances más bellos de la corrida: verónicas lentas y plásticas y, después, un quite por gaoneras coronado con una media de cartel.
El toro, sin embargo, se apagó demasiado pronto y dejó sin continuidad una faena que apenas pudo esbozarse. Silencio. La corrida de Victoriano del Río fue desigual y tuvo varios toros faltos de fondo, pero reservó para el sexto el ejemplar de mayor entidad y emoción. Roca Rey no dejó escapar la oportunidad: cuatro orejas y un rabo para cerrar La Condomina convertido en dueño absoluto de la tarde.




