La corrida del pasado viernes en Las Ventas volvió a colocar el hierro de Victoriano del Río en el centro de todas las conversaciones. Y lo hizo gracias a un toro excepcional: ‘Cantaor, un cinqueño de enorme transmisión que levantó a Madrid y que, para muchos aficionados, mereció el indulto. Días después de la corrida, Pablo del Río atiende a TOROLIVE todavía con la emoción reciente de una tarde que vuelve a reforzar el idilio de la casa con Madrid.
—Supongo que satisfechos después de una corrida tan completa y, especialmente, después de un toro como ‘Cantaor’.
Sí, claro. Son tardes que uno disfruta muchísimo porque detrás hay muchísimo trabajo. Y cuando un toro así rompe en Madrid y llega de esa manera al público, es algo muy especial.
El nombre de ‘Cantaor’ ya forma parte de la memoria reciente de Las Ventas. Un toro bravo, con transmisión, duración y emoción, capaz de poner de acuerdo a una plaza tan exigente como Madrid.
“Al principio analizas las cualidades del toro, pero llega un momento en el que te dejas llevar por el sentimiento”, explica Pablo del Río. “Son momentos tan particulares y únicos que se va toda la parte técnica y científica y te quedas únicamente con lo que transmite el animal”.
El toro encontró además delante a un torero como Sebastián Castella, capaz de entender desde el primer momento la dimensión del animal y administrarlo durante toda la lidia.
“Cuando sale un animal con unas cualidades tan excepcionales, únicamente las grandes figuras son capaces de ponerse a su altura”, afirma. “Castella entendió perfectamente al toro y le dio esa dimensión que necesitaba la faena”.

Porque ‘Cantaor’ no fue únicamente un toro bravo. Fue un toro con ese punto de emoción que en Madrid marca la diferencia. Un animal que galopó, humilló y mantuvo la transmisión intacta durante toda la lidia.
“Ese punto de transmisión es fundamental en Madrid”, asegura el ganadero. “Ha habido corridas muy buenas a las que les ha faltado eso. Este toro tuvo emoción, duración y un galope que llegó muchísimo al tendido”.
La discusión sobre el indulto sigue abierta entre los aficionados. Para muchos, el toro reunió méritos suficientes pese a no acudir a un tercer puyazo. Del Río no tiene dudas.
“Estoy convencido de que habría respondido perfectamente a un tercer puyazo o incluso a un cuarto”, sostiene. “Pero Sebastián entendió que tenía delante un animal extraordinario y supo medirlo para que llegara con ese punto de transmisión a la muleta”.
La vuelta al ruedo sí llegó para el toro y, en esta ocasión, Madrid reconoció la dimensión de la obra.
“Muchas veces se olvida al ganadero y al toro”, comenta. “Por eso fue bonito ver cómo el público supo valorar la bravura de ‘Cantaor’”.
Aunque el reconocimiento no evita cierta pena inevitable. Porque un toro así siempre deja la sensación de lo que podría haber sido en el campo.
“Claro que nos habría encantado llevárnoslo a casa”, reconoce. “Un animal así te gustaría disfrutarlo durante años en la finca. Hemos podido sacar pajuelas, pero no es lo mismo que tenerlo como semental”.
La genética de Victoriano del Río vuelve a aparecer detrás de otro gran toro de Madrid. Y ahí reside precisamente una de las grandes fortalezas de la casa: la amplitud de familias y líneas distintas que sostienen la regularidad del hierro.
“La clase está muy bien, pero la bravura y la transmisión son lo que hacen único este espectáculo.”
“Tenemos treinta o cuarenta familias dentro de la ganadería”, explica. “Eso permite trabajar con muchas líneas distintas, aunque también supone un trabajo enorme de seguimiento y selección”.
En el caso concreto de ‘Cantaor’, el toro venía avalado por una línea contrastada.
“El padre era un semental muy probado y muy contrastado”, detalla. “La madre era más joven, pero en Madrid nunca se lleva un toro con dudas”.
Criar el toro de Madrid exige además una preparación completamente diferente. En Victoriano del Río, los toros destinados a Las Ventas prácticamente se seleccionan con más de un año de antelación.
“Los toros de Madrid se guardan desde la feria anterior”, cuenta. “Hablamos de animales que ya sabes con doce o catorce meses de antelación que van encaminados a Madrid”.
La mayoría llegan además como cinqueños.
“El cinqueño da un punto extra de seriedad y de transmisión”, explica. “Ese año más se nota muchísimo en plazas como Madrid o Valencia”.

Todo ello en un año especialmente complicado para el campo bravo, marcado por las lluvias y la incertidumbre sobre las fuerzas de los animales.
“Ha sido un invierno durísimo”, reconoce. “Con toros tan pesados siempre tienes la duda de cómo llegarán a la plaza después de tanta agua”.
La temporada de la casa no termina aquí. Aún quedan compromisos importantes en Madrid, incluida la encerrona de Borja Jiménez y la corrida de Beneficencia.
“Todavía quedan toros importantes por salir”, avisa el ganadero. “Pero animales como ‘Cantador’ son muy difíciles. Se juntan muchísimos factores para que un toro llegue a ese nivel de excelencia”.

“Cuando sale un animal con cualidades tan excepcionales, únicamente las grandes figuras son capaces de ponerse realmente a su altura.”
Y en una época donde la exigencia al toro es máxima, Pablo del Río tiene claro cuál debe seguir siendo el objetivo principal del ganadero.
“La clave es mantener el punto de bravura”, sentencia. “La clase está muy bien, pero la bravura y la transmisión son lo que hacen único este espectáculo”.

