La tarde comenzó con un serio aviso para Emilio de Justo, sorprendido por dentro durante el recibo a una mano de Zaiteku, de 515 kilos, que lo derribó y lo dejó a merced junto al estribo. Superado el susto, el extremeño volvió al toro para dejar verónicas y chicuelinas de calidad antes de afrontar con la muleta las dificultades que ya había anunciado el de Jandilla. Sin probaturas, eligió precisamente el izquierdo, el pitón por el que más se vencía, y allí cimentó una faena de notable profundidad, adelantando la pañosa, llevando muy atrás las embestidas y asumiendo terrenos comprometidos. Después llegaron derechazos acompasados, un espléndido trincherazo y un cambio de mano ligado a un doble pase de pecho que encendió los tendidos. Fue una obra muy de De Justo, asentada en la personalidad, la entrega y la búsqueda constante de la emoción frente a un toro exigente pero con posibilidades. Un espadazo rotundo aseguró una oreja.
Roca Rey recibió a Birlador, de 505 kilos, con un variado saludo en el que mezcló verónicas, delantales y chicuelinas antes de cerrar con una templada media. El toro mostró movilidad y buen son en los primeros tercios, propiciando además un extraordinario quite de Pablo Aguado por chicuelinas, rematado con una media de enorme naturalidad. Con la muleta, y pese a las molestias del viento, el peruano fue imponiendo su autoridad sobre la diestra. Birlador humilló, repitió y empujó con nobleza hasta que Roca Rey apretó de verdad: una tanda de mano baja, largo trazo y gran exigencia terminó por marcar el rumbo de la faena. El toro acusó ese sometimiento y fue perdiendo brío, mientras que por el izquierdo nunca ofreció la misma calidad. La obra se apagó al mismo tiempo que un animal de buena condición pero fondo limitado. Estocada y silencio.
La Maestranza crujió con Pablo Aguado. Iniciado, de 511 kilos, tuvo prontitud, movilidad y una gran condición, y el sevillano convirtió esas virtudes en una obra de enorme dimensión artística. Ya con el capote dejó lances de cadencia y personalidad, pero fue con la muleta cuando el toreo adquirió otra altura. La primera tanda diestra, ligada con una naturalidad extraordinaria y rematada con una trincherilla, encendió la plaza; en la siguiente ya sonaba la música. Aguado toreó despacio, roto de muñecas y acompasando cada embestida con la cintura, especialmente por un pitón derecho por el que surgieron series rotundas. Al natural hubo menos continuidad, aunque nunca desapareció la expresión. Cambios de mano, kikirikí, naturales y pases de pecho fueron componiendo una faena de aroma antiguo, coronada con una sevillana antes de agarrar un espadazo. Una de las grandes obras de la temporada en Sevilla ante un notable toro de Jandilla. Dos orejas, sin discusión.
Emilio de Justo salió decidido desde chiqueros para recibir a Zurrador, de 509 kilos, a portagayola, continuando después de rodillas con verónicas de buen corte y una media de inspiración rondeña. Ya con la muleta, y tras brindar al público, el extremeño necesitó tiempo para descifrar a un toro que exigía mando y atención. La faena creció sobre la diestra, donde De Justo consiguió sujetarlo y protagonizó un interesante toma y daca, toreando asentado y buscando imponer su concepto. Sin embargo, Zurrador fue perdiendo entrega, especialmente por el izquierdo, comenzó a salir con la cara alta y terminó acusando una marcada querencia hacia tablas. El extremeño insistió desde la verticalidad y la estética, alternando muletazos de notable trazo con otros de menor ajuste en una obra que fue perdiendo intensidad al mismo ritmo que el toro. Una soberbia estocada, arriba y de ejecución impecable, cerró su actuación. Ovación.
Campechano, jabonero de 514 kilos, tuvo seriedad, buena condición y entrega, aunque terminó acusando el sometimiento de Roca Rey. Antes, Pablo Aguado había dejado un precioso quite por verónicas y Agustín de Espartinas y Fernando Sánchez saludaron tras banderillear. El peruano brindó al público y prendió la mecha de rodillas en los medios con dos cambiados y una arrucina angustiosamente ceñida, rematada con el pase de pecho entre el clamor. Después llegó el dominio: muleta baja, recorridos largos y tandas ligadas por ambos pitones, tapando siempre la salida y exigiendo hasta el fondo a un toro que fue perdiendo intensidad sin dejar de entregarse. Cuando ya quedaba menos embestida, Roca Rey apostó por un arrimón de máxima exposición que dividió ligeramente a los tendidos, pero reafirmó su determinación para exprimir hasta el último viaje. Un espadazo cerró una faena de capacidad, firmeza y autoridad. Oreja.
LA RESEÑA
Plaza de toros de La Real Maestranza de Caballería (Sevilla) – Corrida de toros || Tercera de la Feria de San Miguel 2026
Entrada: Lleno de ‘No hay localidades’
Se lidiaron toros de Jandilla,
- EMILIO DE JUSTO : Oreja y Ovación;
- ROCA REY : Silencio y Oreja;
- PABLO AGUADO : Dos orejas
