Sin Rodeos || Con Julio Martínez

Los toros están de moda, pero esta moda matará los toros

Julio Martínez
Columnista en Torolive

Julio Martínez

Arranca octubre, el último mes de la temporada taurina, un curso este, el de 2026, que iniciamos con un empresario reconociendo que se confeccionan carteles para el aficionado y, otros, para el público. Lo cerramos con una presidenta de plaza de toros desvelando que hay corridas toristas y corridas toreristas. En función de ello, el criterio de la autoridad varía. En la torista, cuanto más grande, mejor, para uso y disfrute del aficionado. En la torerista, cuanto más chico y más afeitado, mejor, para mayor gloria de la figura de turno y del público. Si se fijan, son dos formas de aproximarse a un mismo concepto, el de la corrida de toros. En función de quién vaya a la plaza se escoge uno u otro camino, pero todos se retroalimentan. Todos los caminos llevan a mofa. Aprender a robar un banco o crear uno viene a ser lo mismo.

En la ecuación están las incógnitas espectador, torero y toro. El torero marca qué toro se lidia y viceversa. En función del estatus humano y del encaste animal, el espectador se convierte en aficionado o en público, según el criterio de la industria, que los segmenta desde el minuto uno con una concepción claramente peyorativa de los términos ‘torista’ y ‘aficionado’. Si te gusta el toro en su integridad, con el trapío intacto y con unas hechuras y un tamaño que sean acordes a la categoría de la plaza en cuestión, eres un “bicho”, que es como llaman los fondos buitre a las maricarmenes.

En eso se han convertido las grandes empresas taurinas, en fondos buitre que se quedan con las plazas, siempre favorecidos por una clase política que les monta pliegos ad hoc para trazar la cuadratura del círculo. Para terminar de alicatarlo todo, una autoridad mamporrera que, en lugar de velar por el cumplimiento de la ley, incurre en presuntos y graves delitos de prevaricación dándole carta de naturaleza a los desmanes de esos depredadores. Es el sistema perfecto para desnaturalizar las plazas de toros y despojarlas de su singularidad. La idiosincrasia son los padres.

La última maricarmen por desahuciar en el toro es el tendido 7. En cualquier otra plaza nada queda ya de autenticidad. ¿Qué diferencia hay entre ir un día de figuras a Sevilla, a Albacete, a Soria o a Murcia? Ya han cumplido el gran objetivo, sacar al aficionado de la que era su casa, su plaza. Cuando llega el gran público, que va un solo día, nadie se preocupa de los 364 restantes, que son los que aprovechan estos carroñeros del toreo para explotar las plazas, llenarse los bolsillos y cargarse un rito que algún día fue secular, pero que se ha convertido en un cementerio de lo snob. En Madrid todavía queda ese reducto que no han conseguido parasitar los que quieren convertir la tauromaquia en un concierto de Shakira. De ahí su necesaria y permanente fiscalización del día a día de la plaza, desatendida por completo, hecha un desastre y bajo la amenaza de unas obras que la paralicen.

No sé cómo hay que hacerlo, pero en las últimas semanas hemos vivido varios momentos de apogeo de ese torismo peyorativo que quieren desahuciar y que es imperativo proteger y fomentar. Tres tercios de varas antológicos, uno en Albacete y dos en Las Ventas. El toro de Fuente Ymbro y Cristian Romero; el toro de Partido de Resina y Javier Martín, y el Pallarés del pasado domingo, mal picado, pero bravísimo en el peto. Fueron tres de los momentos de mayor intensidad de toda la temporada, solo comparables en emoción y efusividad a alguna faena de Morante y poco más. Toda una plaza en pie ovacionando a un toro y a un torero por algo que ni siquiera comprenden muy bien para qué sirve. ¿Acaso creen que los del tendido buitre saben cuál es el fin del tercio de varas? “Lo pican pa que sangre y pa que pierda fuerza” (sic).

“La afición, pese a ser minoría, no puede dejarse pisar por estos buitres.”
Sin Rodeos || Con Julio Martínez

Esa es la magia del toreo y su gran trampa para convocar a las masas, que no hace falta comprender algo para sentirlo. La gente que llenó Albacete en la corrida concurso y los aficionados que estaban en Madrid viendo a aquel pablorromero y al santacoloma se volvía loca, vibraba de la emoción y no podía estar sentada viendo aquello mientras se rompía las manos a aplaudir. Otros, los que sí entienden lo que ven, estremecidos al evocar recuerdos que seguramente no han vivido, pero sí leído en la historia del toreo. Dijo Manuel Azaña que la mejor manera de guardar un secreto en España es escribirlo en un libro. Qué razón tenía. Dejar la tauromaquia en manos de los que hoy mandan será desahuciar igualmente el tercio de varas y la bravura primigenia, que es la de la fiera en el caballo. Desconozco cuál puede ser nuestra puerta del Sol o en qué día cae nuestro 15M, pero la afición, pese a ser minoría, no puede dejarse pisar por estos buitres y por los palcos que, en vez de perseguirlos, los amparan y defienden. ¡Hay que ser valientes y alzar la voz! Los toros están de moda, pero esta moda matará los toros.

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Julio Martínez
Columnista en Torolive

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