Sin Rodeos || Con Julio Martínez

La temporada histérica

Julio Martínez
Columnista en Torolive

Julio Martínez

Ahora que hemos terminado la temporada taurina empezamos a contar. Unos, los días que quedan para Valdemorillo. Esos aficionados más avezados que ya van trazando sus quinielas y sus ferias utópicas. Algunos incluso rellenan el casillero de toreros de la Conference League, esa lista en la que gana uno, pierden 17 y que anticipa jubilaciones gracias a Chenel. Que le pregunten a Sergio Rodríguez o a Héctor Gutiérrez para qué sirve ganar un certamen ideal en su concepción, pero considerado invasivo por una industria, los otros, que no cuentan días sino billetes. Que no cuentan aficionados sino fans, a los que les ha presentado el gran reclamo de la próxima temporada. Ya tenemos el primer triplete de San Isidro: Alejandro Talavante. ¡Toma ya!

Y allá que irá esa plaga de hooligans, que no lleva bufandas sino botellas, a admirar a los maestros. “¿Talavante? Ese es un máquina”. “¿Manzanares? ¡Tiene un empaque!”. Las frases de 0,60 de la ‘Caye Borroka’ que putoama los toros. Les pasa lo mismo que al PP, que es el PSOE con 20 años de diferencia. Además, por sus consignas los conoceréis. Cuando se vaya Pedro Sánchez, ¿en quién le dirán que piense al torero cuando va a matar? ¿A quién llamarán hijo de fruta? Esta plaga invasora está levantando también un muro dentro de las plazas de toros. Dividen a los taurinos y a los anti-taurinos. Estos últimos, los que abominan de ese personaje que suele forzar el acento para destacar entre su manada de semejantes, que está encantado con todo, especialmente con lo malo, y que suele expresarse con onomatopeyas. Las neuronas de estos neotaurinos son como el logo del DVD, que va rebotando de pared en pared eternamente sin un fin conocido. La mejor parte de la conversación es cuando están callados.

Para ellos, la temporada ha sido histórica. Para nosotros, anti-taurinos, ha sido histérica. Lo único que ha hecho el toreo en 2026 es empobrecerse un poco más a costa de enriquecer a los que lo gestionan. Solo faltaría. Se han jubilado muchos y buenos profesionales de plata. De oro no se quita nadie. ¿Para qué? Esto está más fácil que nunca. Las cornadas para la élite son los padres. En abril coincidieron en el sanatorio de toreros Morante y Roca Rey. Dos figuras, juntas y heridas. La última vez que pasó vivía Mao, ese gran demócrata. Pasan las ferias y no es que no haya cogidas, no hay ni conatos.

Y en el momento en que asoma un ápice de exigencia sobre los acomodados figurines, sus palangristas salen corriendo a masacrar a los que ven con los ojos, en plural. ¡Han cantado mafia! Tú imagínate que todos esos fans de los toros aprenden y se convierten en aficionados. Que distinguen un bajonazo de otro peor, que es lo que vemos a diario. Los que ven con el ojo, en trasero singular, ya saben, “¡qué ehtoconaso!” Figúrate qué pasaría si los maniquís de Scalpers separan el grano de la paja y diferencian un torero entregado de uno ventajista. Sería el fin del chollazo.

“Las empresas están encantadas de servir placebo a precio de caviar.”
Sin Rodeos || Con Julio Martínez

Ojo, no porque fueran a irse de las plazas. Afortunadamente, toda o casi toda esta camada de añojos que han conocido la tauromaquia se va a quedar para siempre. El plan les mola, “les renta mazo”, y supone la gran alternativa de ocio en España que no sea la terraza del bar de siempre. Van a beber y no les importa si la tapa es buena o mala. Como si les dan aceitunas. O si no les ponen nada. ¡Qué más da! Es Tinder con olor a boñiga, mucho más excitante. Las empresas están encantadas de servir placebo a precio de caviar.

El problema será que todas esas mesnadas se den cuenta de que emosido engañado. Tendrían entonces que empezar a trabajar y a remangarse. Y entonces habrá una mayoría sentada con criterio propio para elegir bando en esta tauromaquia que es el Corazón Classic Match. Zidane es más joven que alguna figura del toreo y lleva 20 años quitado.

Por eso, el anti-taurinos que aspira a mantener la singularidad de una plaza de toros y quiere ejercer de dique contra esa masa de fans que, sin culpa ninguna, es empujada a apasionarse sin saber por qué, es el enemigo a batir. Con Morante les ha venido Dios a ver, pero es menos necesario que nunca. Ni él ni Roca. No hacen falta toreros con espalda para cargar con el negocio de los taurinos porque ya va a cuestas de los jóvenes. Aquí funcionará, ojalá pronto, la metáfora de los saltamontes y las hormigas en la película de Bichos. Si la hormiga del 7 se rebela no ocurre nada, pero como se rebelen muchas hormiguitas más, el chollo, efectivamente, llegará a su fin. Ganará el toreo.

Firma de Julio Martínez

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