Victoriano del Río desata un encierro veloz, accidentado y de mucha tensión en Pamplona

Victoriano del Río desata un encierro veloz, accidentado y de mucha tensión en Pamplona

Los toros de Victoriano del Río volvieron a Pamplona con el peso de una ganadería de categoría dentro de la Feria del Toro. La divisa madrileña, habitual ya en San Fermín desde su debut en 2010, firmó este año su decimoquinta participación en los encierros pamploneses con una carrera rápida, emocionante y accidentada.

Entonado, Jara, Casero, Solares, Alabardero y Devoto fueron los seis toros elegidos por la ganadería de Guadalix de la Sierra para recorrer los adoquines de la capital navarra en el tercer encierro de las fiestas.

La carrera arrancó con fuerza desde los corrales de Santo Domingo. Tras el tercer cohete, los toros salieron con potencia, arropados inicialmente por los cabestros, que volvieron a tapar en buena parte a la manada durante los primeros metros.

En la subida hacia el Ayuntamiento, un cabestro y un toro negro tomaron la delantera, marcando un ritmo vertiginoso. La manada comenzó entonces a estirarse y dejó los primeros momentos de apuro, especialmente en los laterales de la carrera y en la zona derecha de la curva del Ayuntamiento.

La llegada a Mercaderes y los primeros metros de Estafeta rompieron definitivamente el encierro. El exceso de velocidad por la parte izquierda de la calle provocó que la manada se dividiera en dos grupos: por delante, dos cabestros y tres toros; más atrás, otro grupo separado con los tres astados restantes. Esa partición abrió la carrera y permitió a varios mozos protagonizar algunos de los pasajes más lucidos delante de las astas.

En la zona de Espoz y Mina, la manada volvió a compactarse ligeramente, pero la entrada en el tramo de Telefónica trajo los momentos más accidentados de la mañana. La fuerte presencia de corredores provocó la caída de varios toros y una nueva división del grupo, con dos toros y dos cabestros por delante y los cuatro astados restantes más retrasados.

El tramo final hacia el callejón y la entrada en la plaza tuvo una carga importante de tensión. Los toros llegaron repartidos, con miradas y momentos de peligro, manteniendo la emoción hasta el último metro antes de alcanzar los corrales.

El cronómetro se detuvo en 2 minutos y 23 segundos, reflejo de la velocidad de un encierro que tuvo de todo: ritmo, carreras de mérito, caídas, división de la manada y varios instantes de incertidumbre.

Victoriano del Río dejó así un tercer encierro intenso y exigente, de esos que mantienen a Pamplona en vilo de principio a fin y que vuelven a recordar que, cuando la manada se rompe, cada metro del recorrido multiplica su peligro.