Hay veces que el toreo evoluciona sin hacer ruido, o quizá no el que debería. Tan despacio que cuesta percibirlo. Y quizá por eso muchos siguen instalados en la sensación de que nada cambia. Pero sí cambia. Cambia poco a poco, a base de insistencia, de presión y de aficionados que se niegan a resignarse. El toreo avanza, aunque sea a un ritmo desesperadamente lento, gracias a quienes siguen peleando por conservar su autenticidad.
La última batalla ganada tiene nombre propio: la Asociación El Toro de Madrid. Puede parecer un detalle menor, pero la publicación oficial del peso de los caballos de picar en Las Ventas supone un paso histórico en materia de transparencia dentro de la tauromaquia. Un cambio que hace apenas unos años parecía imposible y que hoy empieza a abrir camino.
Fueron ellos quienes lo impulsaron. Los primeros. Los únicos durante mucho tiempo. También los más señalados. A muchos les resultaba sencillo desacreditarlos con etiquetas fáciles: “talibanes del 7”, radicales, extremistas o aficionados imposibles de contentar. Sin embargo, mientras otros se limitaban a criticar, ellos siguieron insistiendo. Y hoy el tiempo les da la razón.
Por eso conviene reconocer públicamente el trabajo de personas como Roberto García Yuste o Carlos Rodríguez Villa, visibles cabezas de un colectivo mucho más amplio que tarde tras tarde pelea por mantener intacta la personalidad de Madrid. Porque si Las Ventas sigue siendo la plaza más exigente y auténtica del mundo, es en buena parte gracias a una afición organizada que no permite que el listón caiga en el conformismo.
Y aquí también merece reconocimiento Plaza 1. Porque escuchar a la afición no siempre es habitual en el toreo, más bien justo lo contrario. La empresa madrileña ha entendido que abrir ciertas puertas no debilita el espectáculo, sino que lo fortalece. Ya revolucionó en su día la manera de comunicar la tauromaquia, marcando un estilo que hoy imitan muchas ferias y empresas. Y ahora vuelve a colocarse a la cabeza dando un paso más hacia la transparencia.
Es cierto que antes lo hizo la Feria del Aficionado de 3 Puyazos, siempre pionera en este tipo de iniciativas. Pero hacerlo en una plaza de primera categoría como Madrid tiene otra dimensión. Marca un precedente. Y no es casualidad que otras plazas comiencen ya a seguir el camino. Vic-Fezensac se ha sumado recientemente y Bilbao, a través de su Asociación del Toro, ya ha solicitado implantar la misma medida. Bendita sea esa corriente.
Porque al final no se trata de copiar modelos por moda, sino de entender que el futuro del toreo pasa por ofrecer más verdad, más claridad y más respeto al aficionado. Y cuando eso ocurre, el espectáculo crece.
También merece una reflexión aparte lo que está logrando Tauroemoción con Alberto García al frente. Su llamada “corrida de la oportunidad” ha abierto otro debate importante dentro del sector: el de demostrar que las plazas sí pueden llenarse sin necesidad de recurrir siempre a las figuras.
Lo ocurrido en Valladolid el pasado domingo es una prueba evidente. Una gran entrada, con muchísima gente joven en los tendidos, para ver a toreros emergentes prácticamente desconocidos para el gran público. Y eso no sucede por casualidad. Detrás hay trabajo, promoción, ambición y una apuesta firme por ofrecer algo distinto.
Durante demasiado tiempo el toreo ha vivido instalado en ciertos miedos: que sin figuras no hay público, que el aficionado joven no existe o que innovar es un riesgo innecesario. Tauroemoción ha demostrado que esos tabúes pueden romperse.
En definitiva, el toreo sigue avanzando. Muy lentamente, sí. Pero avanza. Gracias a aficionados que aprietan, empresas que escuchan y gestores con ambición suficiente para intentar cosas nuevas. Porque cuando hay persistencia, trabajo y verdadera afición, el toreo todavía tiene margen para crecer mucho más de lo que algunos creen.

