José Escolar firma un encierro serio y compacto en Pamplona

José Escolar volvió a poner seriedad en las calles de Pamplona. La ganadería abulense protagonizó el quinto encierro de San Fermín 2026, una carrera multitudinaria, compleja para los corredores y con muy pocas opciones de lucimiento por la forma compacta en la que avanzó la manada durante buena parte del recorrido.

El encierro se completó en 2 minutos y 36 segundos y tuvo un desarrollo exigente, con toros muy arropados en los primeros tramos y una fragmentación total en la parte final. Aun así, y pese a tratarse de un hierro con antecedentes de astados que se vuelven durante la carrera, esta vez todos los toros completaron el recorrido sin regresar en ningún momento.

La manada salió hermanada desde los corrales de Santo Domingo, con los cabestros marcando el ritmo y los toros metidos en el grupo. En la cuesta se produjeron varias caídas de corredores, sobre los que pasaron los astados sin llegar a hacer por ellos, en uno de los primeros momentos de tensión de la mañana.

Al llegar a la plaza del Ayuntamiento, uno de los toros tomó la cabeza de la carrera y mantuvo esa posición hasta la curva de Estafeta. Justo antes de alcanzar ese punto, el astado arrolló a un corredor, aunque después volvió a reunirse con el resto de la manada.

La carrera siguió con pocas posibilidades para los mozos. La presencia masiva de corredores y la forma de avanzar de los toros dejaron un encierro más de aguante que de lucimiento, con escasos huecos para correr con limpieza delante de las astas.

En el tramo de Telefónica, tres toros marcharon en cabeza junto a los cabestros. Dos de ellos incrementaron el ritmo y fueron los primeros en alcanzar el callejón, abriendo una parte final más desordenada y de mayor incertidumbre.

Fue precisamente en ese último tramo donde la manada terminó por romperse por completo. Los toros entraron en la plaza de manera escalonada, emparejados de dos en dos, hasta completar la entrada en los corrales.

José Escolar dejó así un encierro serio, incómodo y muy condicionado por la masificación de corredores. Una carrera sin grandes opciones de brillo, pero con la tensión propia de un hierro que siempre obliga a mirar con respeto cada metro del recorrido pamplonés.